sábado, 31 de julio de 2010

Otra muerte más...

... y además inesperada. 
Cuando entras a la habitación de un paciente, siempre intentas mirar cuánto de estable está. Miras las analíticas, las pruebas de imagen... y haces una orientación diagnóstica más o menos acertada pero, en cuanto a lo de la muerte... piensas que puedes esperarla... cuando no hay nada más falso en este mundo. Hoy, otra muerte inesperada. En los pases de guardia de la mañana, cuando el médico de guardia dice... "... y ha habido un éxitus...", a tu mente vienen los pacientes de tu lista que estaban más malitos. Siempre esperas que muera un abuelito con millones de cosas añadidas, o alguien que tiene alguna enfermedad que sabes que puede complicarse fácilmente... Pero no siempre ocurre lo que esperas, como hoy, y el nombre y la habitación que escuchas son de una persona que, cuando la visitaste el día anterior, estaba todo lo bien que se puede estar en un hospital... En ese momento, no sabes qué sentir. Primero, obviamente, quieres saber qué es lo que pasó. Cómo puede ser que ayer te fueras a casa tan tranquila, y hoy tu paciente muera... Y el tiempo que tardan en contártelo, te planteas millones de cosas, que generalmente, no son ciertas. Y después te queda el sentimiento de impotencia de pensar que pasara lo que pasara, ahora ya es tarde para solucionarlo porque la muerte te ha ganado la batalla. No obstante, te vienen mil ideas a la cabeza dependiendo del paciente: "Me equivoqué en el diagnóstico, no debería haber indicado esa prueba, debería haber explorado mejor, debería haber puesto otro tratamiento..." Se te agolpan sentimientos de culpa, ahora ya sin sentido, porque desgraciadamente, a los médicos, siempre siempre siempre nos gustaría haber podido hacer más. La peor parte, no es esa. La peor parte, enfrentarte a unos familiares que tampoco esperaban la muerte de un familiar. Generalmente, cuando no lo vemos claro, los adjuntos y R grandes siempre hablan con los familiares y van poco a poco preparándoles para un posible duelo. Pero cuando la muerte te sorprende... ¿Cómo responder ante una familia que acaba de soportar un gran golpe emocional cuando ni siquiera tú puedes responderte muchas veces?
Todo siempre tiene un por qué. Si orientas algo, tienes tus motivos. Si indicas una prueba, es porque consideras que los beneficios son mucho mayores que los riesgos... que desgraciadamente, siempre existen. Y, como en el caso de hoy, esos pequeños porcentajes de riesgos de pruebas que se indican sin ningún tipo de miedo por eso mismo, porque los porcentajes son muy pequeños, a veces, le tocan a alguien, como a la paciente de hoy. Como toda persona, desgraciadamente, los médicos, también nos equivocamos y, aunque nuestros errores en ocasiones se cobran con la vida de alguien, siempre intentamos poner todo de nuesrta parte para que esto nunca nunca nunca ocurra. Lamentablemente, en medicina, a veces no basta con intentarlo.
El hijo de nuestra paciente, muy educadamente, nos pidió alguna explicación. No pensaba en denunciarnos, sólo quería saber por qué. Y es totalmente lógico y normal que quiera saberlo. Hoy aprendí con mi adjunto a guardar calma, a saber informar y consolar al mismo tiempo, a tener un momento de paciencia, comprensión y, en definitiva, humanidad, con un hijo que termina de perder a su madre. Un hijo que me dió la mayor de las lecciones cuando, muy amablemente, nos expuso todo lo que él consideraba que había fallado durante la guardia, con la mayor de las razones, y con un hilo de voz nos dijo que no pensaba quejarse, sólo pensaba hacer una reflexión para que nosotros la transmitiéramos a quien tocara con la finalidad de que lo que pasó con su madre no vuelva a repetirse con las madres de otros. Nada de denuncias, sino el más sincero de los respetos por nuestra profesión.
La muerte nos ganó otra batalla hoy... y nunca sabré si se pudo evitar esta muerte, porque todo lo que hicimos estaba justificado. A veces es fácil opinar una vez has visto el curso de los acontecimientos pero, lo complicado es saber adelantarse a ellos, y cuando tomas una decisión, siempre corres el riesgo de equivocarte. Nunca sabremos qué hubiera pasado si hubiéramos seguido otro camino. Ahora ya no. Sólo nos queda, como muy bien aprendí hoy del familiar de mi paciente, aprender de esta experiencia para evitar que me pase en el futuro.

lunes, 26 de julio de 2010

Yo tenía una amiga...

... que conocí en el colegio. Ya desde antes de saber qué iba a hacer con mi vida, andaba a su lado inventando canciones absurdas, riendo de cosas no tan absurdas, y compartiendo penas, tristezas y sobre todo, alegrías.
Por desgracia, siempre es difícil conservar a los amigos que uno hace en la infancia. Llega un día que no te cabe otro remedio que plantearte cuál quieres que sea tu camino en la vida y, en muchos ocasiones, decisiones diferentes llegan a separaros. Aunque no muy lejos, yo me separé de mi amiga. Cada vez más complicado verse, cada vez más complicado hacer nada juntas... y sólo nos quedaban canciones de colegio, locuras del pasado. Mil veces le invité a visitarme, aunque nunca fue posible.
Este fin de semana, puedo decir, sin miedo a equivocarme, que esa amiga que yo tenía en el colegio sigue siendo mi amiga ahora. Estoy muy cansada de trabajar, fue un día duro pero, me encantó llegar a casa y descubrir una nota, unos bombones, unos libros... pruebas de que mi amiga, la que por fín si encontró su motivo para poder visitarme, ha estado aquí en realidad. Y pienso nos recuerdo cantando "no estaba muerto, estaba de parranda", y pienso y nos recuerdo riendo de un negro mirando libros estraños en el fnac o de Paquita bailando y, definitivamente me convenzo de que aquella amiga que yo tenía en el colegio, sigue siendo mi amiga.

Gracias, guapísimos, por buscar unos días para acompañarme aquí, lejos de casa. Gracias por vuestros regalos, que para nada eran necesarios. Gracias, en definitiva, por hacerme ver que el tiempo pasa y, a pesar de los caminos diferentes, seguimos siendo amigas. Te quiero, Anita.

lunes, 12 de julio de 2010

Un "te quiero"... peculiar.

Hay muchos tipos de "te quiero". El mejor, es aquel que le dices al amor de tu vida. Ése que se dice casi en silencio. Ése que se dice sin necesidad verdadera porque todo tu ser lo grita. El te quiero que todos tememos pronunciar porque abrimos nuestro interior, porque nos volvemos vulnerables... y al mismo tiempo, nos aporta la mayor de las felicidades... siempre que sea correspondido.
Pero hay otros muchos tipos de "te quiero". Los te quiero de amistad y los te quiero a la familia, no menos importantes, y que nos afirman que no estamos solos en el mundo, que nuestras vidas tienen sólidos pilares que la sostienen y nos impiden caer cuando nos tambaleamos, y nos afirman los pies cuando queremos disfrutar del más deslumbrante de los paisajes.
Hoy... escuché un "te quiero" diferente. Un "te quiero" extraño, al que no supe qué contestar. Y es que... ¿Qué se le contesta a una paciente que te coge la mano, te mira durante un silencio incómodo, y tras unos segundos, con la mayor de las seriedades, te dice que te quiere? Sólo le faltaba el anillo de compromiso, de verdad. Yo allí, de pie, y ella sentadita en su butaca... Le faltaba el anillo de compromiso. Luego me pidió que me la llevara a mi casa, que seguro que la cuidaba bien. En fin... una situación MUY extraña.
Sacado de contexto, es así de raro. Si luego os cuento que esta mujer vive con su hijo y que él la obliga a comer dieta vegetariana... sigue siendo raro, pero esto constituye la única explicación que encuentro a esta extraña muestra de amor. La mujer tiene tan pocas ganas de volver a su casa con un hijo que no le deja comer carne, que nos muestra su cariño para ver si alguien la acoge.
Si alguien tiene otra teoría... bienvenida será.
Yo... este "te quiero"... no me lo esperaba. Es demasiado peculiar.

sábado, 10 de julio de 2010

Mujeres en un mundo de hombres

La mujer cada vez está en más sitios. Cada vez se nos ve en más cargos de importancia. Cada vez quedan menos universos de exclusividad masculina... pero aún quedan.
La medicina... es femenina. El 80% de los estudiantes de mi curso, eran mujeres. Los hospitales se llenan de médicas, a pesar de que muchos de los jefes de servicio siguen siendo hombres.
No voy a entrar en un debate entre hombres y mujeres. No lo haré porque no pienso que ninguno sea mejor o peor. Pienso que somos dos sexos diferentes porque es necesario dos polos para encontrar el equilibrio. En lo que voy a entrar es en la idea preconcebida de que un médico varón, y si es un poco canoso, mejor que mejor para tratarme a mí, a mi familia o a mis conocidos.
Pasamos por la planta cada mañana. Somos 7 médicos, seis residentes y un adjunto. El adjunto, hombre, de los residentes, cinco mujeres. Pasamos habitación por habitación y no falta el día en que veamos cómo, ante la misma argumentación, se crea con mucha más facilidad al adjunto, que a nosotras. Esto es comprensible. Obviamente, el adjunto, mucho mayor que nosotras, da mucha más confianza. Pero... y qué pasa con el residente que es sólo un año mayor que nosotras, y más pequeño que la R grande? Lo mismo, donde esté él, sobramos nosotras. Literal de una paciente el otro día:

Paciente: yo sólo me acuerdo de usted (dirigiéndose al residente)
E (R grande): pues estábamos todas.
P: pues yo no me di cuenta.
(se percata de que el adjunto está detrás de ella, contrae la cara y se gira para poder verle)
P: se esconde y yo quiero verlo, y me pone delante a las niñas. Las niñas sobran.

Otro caso:
P: A mí una mujer no me va a tocar.

Y otro:
E (R grande): ¿Sabe quienes somos?
P: pues las enfermeras que me vienen a visitar todos los días.
E: ¿Las enfermeras? ¿Y quién es su médico?
(la paciente se gira hacia el residente)
P: él es el doctor.

Sólo son ejemplos, pero hay muchos más. Las mujeres estamos invadiendo la sanidad española... y aún así, aún hay gente que sigue asociando enfermeras con mujeres, médicos como hombres. ¿Que no se puede ser médica o enfermero? ¿Voy a tener que buscar a un médico que corrobore todas mis explicaciones siempre para que mis pacientes me crean?

Espero que poco a poco estas ideas preconcebidas vayan sucediéndose de otras en las que se pueda confiar en que una médica canosa pueda ser igual de buena que un médico canoso.
Ya tengo que luchar contra ser una pequeñaja a la que confunden con estudiante de primer año... ¿También tengo que luchar contra el hecho de ser mujer... en un mundo que antes era de hombres?

viernes, 2 de julio de 2010

Mirando al mar...

Cuando creía que estaba a punto de salir del hospital, hubo gente que me dijo: "Hoy vamos a ir a la playa a comer. ¿Te apuntas?" Y entonces pensé... llevo ya más de un mes trabajando delante de este mar que me mira todos los días y me invita a visitarlo. Siempre planeamos una escapada... pero nunca es buen día. Hoy me obligué a que un día tan bueno como hoy había que celebrarlo. Cuando salí, busqué a mis compañeros y tras comprarme un bocadillo, compartimos nuestra comida todos juntos... mirando al mar. Cerraba los ojos y sentía el calor del sol en mi espalda, y una ligera brisa en mi cara. Después de todo el lío que tuvimos hoy en el hospital, ahí todo perdía importancia. Me sentía tan bien, tan tranquila, tan en paz... que se me escapó una pequeña risita al pensar lo afortunada que era de poder estar en aquel momento allí con mis compañeros de residencia... mirando al mar.

Mañana tengo guardia de nuevo. Qué lástima que desde urgencias no se vea el mar tan de cerca. Sería todo más fácil... y ahora sólo tengo ganas de que la guardia termine para volver a estar frente a él... libre de nuevo.