... y además inesperada.
Cuando entras a la habitación de un paciente, siempre intentas mirar cuánto de estable está. Miras las analíticas, las pruebas de imagen... y haces una orientación diagnóstica más o menos acertada pero, en cuanto a lo de la muerte... piensas que puedes esperarla... cuando no hay nada más falso en este mundo. Hoy, otra muerte inesperada. En los pases de guardia de la mañana, cuando el médico de guardia dice... "... y ha habido un éxitus...", a tu mente vienen los pacientes de tu lista que estaban más malitos. Siempre esperas que muera un abuelito con millones de cosas añadidas, o alguien que tiene alguna enfermedad que sabes que puede complicarse fácilmente... Pero no siempre ocurre lo que esperas, como hoy, y el nombre y la habitación que escuchas son de una persona que, cuando la visitaste el día anterior, estaba todo lo bien que se puede estar en un hospital... En ese momento, no sabes qué sentir. Primero, obviamente, quieres saber qué es lo que pasó. Cómo puede ser que ayer te fueras a casa tan tranquila, y hoy tu paciente muera... Y el tiempo que tardan en contártelo, te planteas millones de cosas, que generalmente, no son ciertas. Y después te queda el sentimiento de impotencia de pensar que pasara lo que pasara, ahora ya es tarde para solucionarlo porque la muerte te ha ganado la batalla. No obstante, te vienen mil ideas a la cabeza dependiendo del paciente: "Me equivoqué en el diagnóstico, no debería haber indicado esa prueba, debería haber explorado mejor, debería haber puesto otro tratamiento..." Se te agolpan sentimientos de culpa, ahora ya sin sentido, porque desgraciadamente, a los médicos, siempre siempre siempre nos gustaría haber podido hacer más. La peor parte, no es esa. La peor parte, enfrentarte a unos familiares que tampoco esperaban la muerte de un familiar. Generalmente, cuando no lo vemos claro, los adjuntos y R grandes siempre hablan con los familiares y van poco a poco preparándoles para un posible duelo. Pero cuando la muerte te sorprende... ¿Cómo responder ante una familia que acaba de soportar un gran golpe emocional cuando ni siquiera tú puedes responderte muchas veces?
Todo siempre tiene un por qué. Si orientas algo, tienes tus motivos. Si indicas una prueba, es porque consideras que los beneficios son mucho mayores que los riesgos... que desgraciadamente, siempre existen. Y, como en el caso de hoy, esos pequeños porcentajes de riesgos de pruebas que se indican sin ningún tipo de miedo por eso mismo, porque los porcentajes son muy pequeños, a veces, le tocan a alguien, como a la paciente de hoy. Como toda persona, desgraciadamente, los médicos, también nos equivocamos y, aunque nuestros errores en ocasiones se cobran con la vida de alguien, siempre intentamos poner todo de nuesrta parte para que esto nunca nunca nunca ocurra. Lamentablemente, en medicina, a veces no basta con intentarlo.
El hijo de nuestra paciente, muy educadamente, nos pidió alguna explicación. No pensaba en denunciarnos, sólo quería saber por qué. Y es totalmente lógico y normal que quiera saberlo. Hoy aprendí con mi adjunto a guardar calma, a saber informar y consolar al mismo tiempo, a tener un momento de paciencia, comprensión y, en definitiva, humanidad, con un hijo que termina de perder a su madre. Un hijo que me dió la mayor de las lecciones cuando, muy amablemente, nos expuso todo lo que él consideraba que había fallado durante la guardia, con la mayor de las razones, y con un hilo de voz nos dijo que no pensaba quejarse, sólo pensaba hacer una reflexión para que nosotros la transmitiéramos a quien tocara con la finalidad de que lo que pasó con su madre no vuelva a repetirse con las madres de otros. Nada de denuncias, sino el más sincero de los respetos por nuestra profesión.
La muerte nos ganó otra batalla hoy... y nunca sabré si se pudo evitar esta muerte, porque todo lo que hicimos estaba justificado. A veces es fácil opinar una vez has visto el curso de los acontecimientos pero, lo complicado es saber adelantarse a ellos, y cuando tomas una decisión, siempre corres el riesgo de equivocarte. Nunca sabremos qué hubiera pasado si hubiéramos seguido otro camino. Ahora ya no. Sólo nos queda, como muy bien aprendí hoy del familiar de mi paciente, aprender de esta experiencia para evitar que me pase en el futuro.