domingo, 20 de junio de 2010

Las mejores ensaladas del mundo

Hoy salió un día envidiable. Desde mi habitación, el sol me despertó augurando un cálido domingo. Decidí pasearme calle abajo hasta llegar al mercat de Sant Antoni, donde los domingos siempre venden cositas de segunda mano, y encuentras libros, películas y más cosas a precios más que asequibles. Entre toda la cantidad de libros, encontré una guía de cocina que se titulaba "Las mejores ensaladas del mundo". Y yo, allí plantada, no puede evitar sonreir... No dudo que las recetas de aquella guía no fueran sabrosas, no. Pero... el autor no hubiera titulado así el libro si hubiera tenido la misma suerte que yo, y hubiera vivido durante cuatro largos años con la villenera más guapa de la tierra y que, curiosamente, es quien hace las mejores ensaladas del mundo. Sus ensaladas, que ya tienen fama entre nuestros alrededores, siempre han sido, y siempre serán, las mejores ensaladas del mundo para mí. Su secreto... ni yo viviendo con ella he conseguido descifrarlo, pero seguro que una gran sonrisa en los labios, una gran imaginación sin envidiar al más grande de los artistas, un corazón que yo todavía no he entendido cómo puede caberle en el pecho... y un buen ciruelo en la boca... seguro que tienen algo que ver. 

Ella es quien hace las mejores ensaladas del mundo... y quienes hemos tenido la suerte de compartirlas con ella, no lo dudamos ni un instante.

Angelita de mi vida, que te quiero mucho, y que nunca nunca nunca pasa un día sin que te eche de menos!!

jueves, 17 de junio de 2010

Y yo me preocupo porque ya voy a cumplir 30...

Hoy fue un día de esos en los que la verdadera realidad te abofetea para que olvides tu mundo ideal y pises la tierra. Cada cual siempre sigue su camino. Los problemas de nuestra vida se convierten en aquellos que rigen nuestros sentimientos, nuestras emociones... Y vives preocupada por aquellos asuntillos que te van rodeando sin pensar en nada más.
Cuando cumplí los 25 años, pensé que ya me estaba haciendo demasiado mayor. Que el tiempo pasa demasiado deprisa... y sin darnos apenas cuenta, nos hacemos viejos.
Hoy me contaron el caso de una paciente que, diagnosticada de cáncer de ovario terminal, tiene un muy mal pronóstico y sólo tiene 29 años... Ya no pueden hacer nada por ella... es terminal... y entonces, una chica a mi lado dijo la frase: "Y yo me preocupo porque voy a cumplir 30..."
Sí, cada cual sigue su vida, sus problemas... y hay veces que te llegan bofetadas como ésta que te hacen replantearte la vida.
Cumplir años... deberíamos celebrarlo en lugar de ponernos tristes. Hay gente que desgraciadamente, no tiene la suerte de poder cumplir años... y llegar a hacerse viejo.

domingo, 13 de junio de 2010

La primera guardia

Siempre imaginaba cómo sería mi primera guardia. Si me entraría el pánico y temblaría como mi primera práctica en el hospital, si mataría a alguien, si sabría reaccionar ante una urgencia... Ahora la primera guardia ya pasó y, debo reconocer, que a pesar del estrés de algunos momentos en los que tuve que hacer un gran esfuerzo para no llorar, me gustó. Ésta ha sido la primera vez que he estado yo sola ante los pacientes (aunque siempre iba corriendo después a los mayores a corroborar diagnósticos, pruebas y tratamientos). No temblaba. Siempre tenía un pequeño gusanillo en mi estómago cada vez que tenía que llamar a alguien nuevo a entrar a mi despachito... pero una vez allí, todo se volvía más fácil.
La suerte, estuve con los que van a urgencias pero pueden esperar, y eso disminuyó la tensión. Aún así, los momentos previos fueron espantosos, intentando esperar algo que no sabía cómo iba a ser. Supongo que es cierto aquello que dicen que a lo que más tememos es a lo desconocido, y lo que más curiosidad nos despierta. Empecé nerviosa tratando de, al menos, no matar a nadie, y terminé nerviosa de nuevo, intentando tratar a todos los que podía.
Recordé la primera vez que hice una historia clínica yo sola. Esta vez, volví a estar yo sola, pero sin temblar. Cada vez más cómoda. Escuchando lo que me contaba la gente, e intentando solucionar lo que les pasaba... Sin lugar a dudas, ésta es la carrera más maravillosa del mundo. Ver marchar a alguien de urgencias, que llegó horas antes asustado, angustiado y retorcido de dolor, con una sonrisa y un gracias, no tiene precio. No me importó dormir una hora escasa... Las palabras amables de los pacientes que me agradecían el haberles atendido con una sonrisa me bastaron para compensar las más de 34 horas que estuve sin dormir.
Ahora ya empiezo a andar yo sola...
... el sueño por el que tanto he luchado tiene más forma... y empieza a hacerse realidad.

lunes, 7 de junio de 2010

La paz del mar...

No he podido evitarlo. De repente, todo perdió importancia. Sólo pude concentrarme en las olas que, de forma repetitiva, iban balanceando los pequeños veleros que navegaban por este mar en calma... En calma. Así es como no pude evitar sentirme mientras miraba el mar.

Ya llevo una semana... y no he vuelto a marearme. Camino paso tras paso sintiéndome un poco más en casa. Y cuando me pierdo... busco una ventana y observo la vida de afuera. Y entonces, es cuando me pierdo de verdad y cuando, paradójicamente, me encuentro. Vuelvo a sentir paz en la vida.

Hoy volvimos a ver a la paciente que más me asusta. Ahora sabe donde está, ahora no. Ahora esta tranquila, ahora cree que la persiguen para matarla y puedes ver en su rostro el pánico desgarrándole la cara. Jamás pensé que pudiera existir tanto sufrimiento, tanto miedo... y jamás pensé que me afectaría tanto. Miré a la ventana y pude ver una gran gaviota volando por el cielo, desplegando sus alas al ritmo del viento, bailando la hermosa canción de la vida. Yo también andaba desorientada... Siempre que llegamos a esa habitación, siento como mi corazón late con más fuerza, como mi pulso se acelera. Siento náuseas y sofocos... Y es que el simple reflejo del pánico que siente ella es suficiente para ponerme a mí los pelos de punta. Loca la llaman... pero a mí, a pesar de lo que me produce, es la que más simpatía me causa, y a la que realmente quiero ayudar.

Los veleros, las gaviotas... y el intenso azul del mar acariciando el suave azul del cielo. Ahí estaba la paz de mis muros de miedos. Mis miedos a no ser capaz de combatir el sufrimiento, el dolor, la impotencia... Es tan bella la vida ahí fuera...

Hoy la paciente me reconoció. No tiene ni idea de quién soy, y se confundió al reconocerme, pero mientras hablaba mirandome a la cara... ya no sentí el mismo miedo. Sentí tranquilidad. Pues, aunque ella en realidad no me estaba reconociendo... sus facciones se tranquilizaron al creer reconocer una cara antigua. ¿Qué más daba entonces que se estuviera equivocando de persona?

Cuando se puso nerviosa... miré fuera de la ventana, y busqué mi paz en la vida de ahí fuera... para poder transmitírsela luego a ella. Me funcionará siempre? Espero que sí. Yo, al menos, eso creo.

martes, 1 de junio de 2010

El fin de agudos, el comienzo de infecciosas.

Empieza un nuevo mes y yo empiezo nueva rotación: un mes de enfermedades infecciosas. 

El lunes fue mi último día de toma de contacto con la unidad de agudos. Fue un día bonito, excepto por que casi vomito encima de una pobre esquizofrénica... Ahora lo pienso y no puedo evitar reirme. Dentro de nada creo que me van a reservar una habitación para mí dentro del hospital. Llevaba toda la mañana con náuseas ya... y cuando pasé por una zona que olía muy mal, no pude evitarlo. En fin, al menos llegué a tiempo al baño, y la esquizofrénica... creo que ni siquiera se enteró. Lo mejor es que además, después de vomitar mi pequeño desayuno, casi me encierran en el baño (cosas de entrar corriendo y no tener tiempo de encender la luz... y de estar en un psiquiátrico donde la mitad de las puertas se cierran con llave). Pero el día terminó bien. Pude ver al resto de los pacientes y me alegró ver que alguno que otro se va poniendo mejor y puede irse a casa con su familia con una sonrisa. Supongo que aunque pocas, a veces los psiquiatras también dan el alta. 

Y hoy... no fui yo la que la armó (había que variar un poco). Mi primera visita a una paciente estable, consciente, orientada... terminó en observación porque empezó a convulsionar y lo que estaba siendo una tranquila visita de planta se convirtió en una carrera de médicos y enfermeras para poder abrirle la vía aérea a la paciente que, con la lengua mordida, iba llenando de sangre el camisón, la almohada, la cama... Por suerte todo terminó en una anécdota y la mujer no recuerda nada de lo que pasó.

Ahora me pregunto si yo podría haber hecho más, si dejé que mi miedo a la sangre me dominara y me arrinconara en exceso... y me cuesta encontrar respuestas. Lo único que puedo pensar es que ahora que ya lo he vivido, seguro la próxima sabré mejor qué hacer. O eso espero.

En fin... mañana, será otro día.