¿Quienes somos? Jajaja. Como si nadie se hiciera esta pregunta. Pero... ¿Quienes somos?
Quedo con amigos, hablo con otros, actúo, pienso, miro, escucho, siento... tiemblo, lloro, río... y miles de cosas más que podría seguir escribiendo sin meditarlo demasiado.
Por otro lado, cada día, cada segundo, toda mi sangre avanza unos centímetros más por mi cuerpo, recorriendo mis manos, mi estómago, mis pulmones, mi cabeza... mi corazón.
Todo esto me lleva a.. ¿Los hematíes de mi sangre... sabrán lo que ocurre fuera de mi cuerpo? Es decir, si me peleo con mi madre... lo sabrán? O si me deja mi novio, o si me río de mi amiga... Lo saben? ¿Puedo separarlo?
Hago tantas cosas... imposibles de separar de emociones, de pensamientos... y mi cuerpo, involuntariamente, responde de una manera distinta a cada situación... Involuntariamente... hasta qué punto...
Supongo que para encontrar respuestas... antes hay que hacerse preguntas. Mi dilema ahora es... si hacerse demasiadas preguntas no será como perderse en la duda... sin llegar a encontrar lo que se busca...
En mi caso, si yo soy yo misma... ¿Quién soy en realidad?
Miles de pequeñas cosas nos acompañan en el camino de nuestra vida, y son esas pequeñas cosas las que nos hacen caer y las que nos hacen levantarnos de nuevo tras arrancarnos una sonrisa y un grito de guerra. Ése, es el poder del mundo de lo pequeño.
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lunes, 15 de agosto de 2011
miércoles, 9 de marzo de 2011
El gatito
El Gatito, es peludito y gordito. Tiene una mirada tierna que te invita a que te acerques a acariciarlo. A través del papel puedes escuchar, si prestas atención, el suave ronroneo que desprende desde tu imaginación al tocarlo, suave, cálido, tranquilo... sí, eso es lo que me transmite... me apacigua.
Es un regalo especial este Gatito. Un regalo con dedicatoria para mí, de una buena amiga.
Valoramos poco estos detalles... a la hora de hacerlos. Pero... ¡Cuánto nos gustan! Porque que te regalen algo el día de tu no cumpleaños... significa para mí mucho más que lo hagan el de mi cumpleaños. Porque los regalos hechos desde el cariño, el agradecimiento y, sobre todo, desde el corazón, transmiten calidez, transmiten paz... y... ¡Qué importante es sentirse querido!
Este regalo me llenó de felicidad. Guardaré bien bien este Gatito. Y a ver cuándo me lanzo a esta cadena de los regalos simbólicos de los no cumpleaños... ¿Os apuntáis?
(A la pequeña ángel que me hizo este regalo... toda la suerte y todos los ánimos desde aquí para que este largo camino que empiezas te lleve a buen puerto, que lo hará. Guardaré tu Gatito mientras tanto... y lo acariciaré en tu ausencia. Te quiero siempre)
lunes, 21 de febrero de 2011
La Sala de Espera
Me dieron una hoja y me indicaron un pasillo. "Dr. GTRA. Consulta 5a"", me dijeron. Y allí fue donde me dirigí. Pensé que no tardarían en llamarme. No había demasiada gente. Me descubrí nerviosa. Excesivamente nerviosa. Peor, cada vez que la enfermera decía algún nombre. Rápido el latir de la respiración de mi corazón. Hielo húmedo envolviendo mis manos. Truenos que me retorcían de dolor. Intenté distraer mi atención. Miré a cada uno de las personas que me rodeaban. ¿Se sentirían como yo, como si fueran a ser acribilladas a manos de un terrorista sin escrúpulos? Porque después de estudiar mi estado, tampoco creo que hubiera mucha diferencia. Reí. Cualquiera diría que iba a una visita a pedir consejo médico!! Unos acompañados. Otros, como yo, con menor suerte... solos. Unos reían. Otros, no. Algunos, leían con tranquilidad, dejando pasar el tiempo como si estuvieran en el salón de su casa.
Y luego, ¿Quién sería el Dr. GTRA? Hombre, sí. Pero... ¿sería mayor, o sería joven? ¿Sería simpático y agradable, o sería seco y con ganas de terminar rápido su trabajo? ¿Sería competente, o sería de los que se sacó la carrera copiando en todos los exámenes? ¿Sería de aquí o sería extranjero? ... ¿Y la enfermera? ¿O enfermero? Y... ¿cómo sería? Resultado de tantas preguntas equivale a más nervios. Pasan más horas y yo sin ser atendida.
No es por nada que dicen que los médicos somos malos pacientes... y afortunadamente, también nos ponemos enfermos! Porque ahora, a mis pacientes que no me conocen y me esperan con miedo. A los que esperan horas preguntándose mil cosas... los entiendo un poquitito mejor.
Y luego, ¿Quién sería el Dr. GTRA? Hombre, sí. Pero... ¿sería mayor, o sería joven? ¿Sería simpático y agradable, o sería seco y con ganas de terminar rápido su trabajo? ¿Sería competente, o sería de los que se sacó la carrera copiando en todos los exámenes? ¿Sería de aquí o sería extranjero? ... ¿Y la enfermera? ¿O enfermero? Y... ¿cómo sería? Resultado de tantas preguntas equivale a más nervios. Pasan más horas y yo sin ser atendida.
No es por nada que dicen que los médicos somos malos pacientes... y afortunadamente, también nos ponemos enfermos! Porque ahora, a mis pacientes que no me conocen y me esperan con miedo. A los que esperan horas preguntándose mil cosas... los entiendo un poquitito mejor.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
La fortaleza de los enfermos crónicos
¿Es posible que cayera el ángel cuando todos pensábamos que era invencible? ¿Quién es invencible? ¿Es fuerte quien no cae? ¿Es fácil luchar contra la enfermedad? ¿Avergonzarse de uno mismo?
Siempre ha estado enferma. Incluso en los mejores días, donde el sol acariciaba los minutos de sonrisas y sueños que parecían volverse realidad, ella estaba enferma. Incluso en los momentos en los que su sonrisa llenaba de paz mágica todos nuestros corazones, ella estaba enferma. En las primaveras llenas de colores, en las dulces melodías creadas desde su corazón, en las miradas que enseñaban un espíritu inocente... ella estaba enferma. Día tras día, luchando contra su enfermedad, mostrando una cara llena de color... intentando apartar de todos nosotros las sombras que en ocasiones, en sus malos momentos, la acechaban invitándola a volver a caer... Siempre enferma.
Hace algunas semanas que las batallas se han intensificado. Sus duendes mágicos se han debilitado y poco a poco parece que una bruja oscura avanza camino hacia su alma... Ahora, como antaño, su realidad se ha llenado de nuevo de sombras... y cambia de forma constantemente. ¿Qué es real? ¿Qué no lo es? Le invade el miedo. Le invade la inseguridad... y la impotencia. Estaba tan bien... pero siempre ha estado enferma. ¿En quién confiar... para que no me llamen loca...? ¿Me avergüenzo?
Fuerte, débil. Caer, levantarse. Luchar, darse por vencido... NO son sinónimos. Siempre enferma... Siempre... Luchando día a día por continuar disfrutando de las melodías que se esconden en los rincones del universo... Decide que NO va a sucumbir a las sombras. Decide que NO va a darse por vencida. Decide que NO va a dejar que piensen que es débil. Para ella, lo fácil sería abandonarse a las fuerzas que la llevan al lado oscuro... lo fácil sería dejarse llevar hasta la muerte que en ocasiones, parece el único lugar en paz... lo fácil, sería esconderse en la oscuridad mientras los fantasmas la atormentan hasta distorsionar su realidad. Pero, siempre ha estado enferma... y ya es una experta guerrera. Ha caído. Es cierto. Pero tantas batallas luchadas... sabe cómo vencer a la enfermedad. Lo sabe. Es fuerte... ya lo ha conseguido otras veces. Es fuerte... porque se ha levantado en un grito de guerra desde las mismísimas tinieblas. Lo fácil, era dejarse morir... Pero su guerrera no ha dejado aún la espada y lucha fuertemente para que sus duendes vuelvan a rodearla, para que sus miedos vuelvan a esconderse... y para volver a una realidad en la que todos sus amigos la esperamos de nuevo... impacientes porque vuelva a llenar nuestros corazones de alegrías, de dulzura... y de magia.
Siempre ha estado enferma... y siempre lo estará. Valiente es quien a pesar de ello, levanta cada día la cabeza intentando no sucumbir a las sombras. Valiente es quien se enfrenta día a día a una enfermedad a la que estará unido de por vida. Valiente es quien, a pesar de todos los obstáculos, sigue luchando por seguir respirando... cantando hermosas canciones para alejar las sombras que siempre están ahí. ¿Enferma? Sí. Y luchadora, valiente y... fuerte, también. NO va a avergonzarse. Ellos son los fuertes. Los que a pesar de las caídas, siguen luchando. Ellos son los valientes, los que a pesar de las tinieblas con las que conviven... siguen queriendo formar parte de nuestras vidas.
(Dedicado a todos aquellos enfermos crónicos que son ejemplo de superación, de sacrificio y de valentía. En especial, para mi ángel, que en breve volverá a resurgir con las más blancas alas que jamás alguien pueda imaginar. Te quiero, pequeña.)
sábado, 9 de octubre de 2010
De la chica de primer año con una maleta... y la gran ciudad.
Ahora paso media hora cada mañana y cada tarde en el metro para ir a trabajar. No me importa demasiado porque lo cojo a horas tranquilas y casi siempre puedo ir hasta sentada leyendo algo. Ayer, viernes, conocí a un muchachito que me sacó una sonrisa. Llegó al vagón con una gran maleta, y se sentó en el asiento de delante. A los pocos minutos, equivalentes a un par de paradas más o menos, me hizo la típica pregunta que últimamente no dejo de oír: "perdona, ets d´aquí?" (perdona, ¿eres de aquí?). Siempre que me preguntan esto, me sonrío, y digo que no pero que a lo mejor puedo ayudar.
Me preguntó por el tiempo que tardaba en hacer un transbordo porque llegaba tarde a la estación de trenes. Le dije. "Vas just, però és possible" (Vas justo, pero es posible), le sonreí, y se quedó más tranquilo. Le miré bien la cara, los nervios... comienzos de octubre... Le pregunté que de dónde era, y me dijo que era de un pueblo de aquí al lado, me señaló la maleta y me dijo que volvía para casa para el puente. "comences la universitat, oi? el primer any?"(Empiezas la universidad, no? el primer año?). Me sonrió y me dijo que sí. Me preguntó por mi, que de dónde era, y por qué estaba allí, y me sorprendí diciendo que estudié un año aquí y me gustó tanto que decidí volver para trabajar... Me despedí de él con un "que tinguis sort i ànims que arribes d´hora" (que tengas suerte y ánimo que llegas a tiempo)
Caminé por el andén hacia la salida con una gran sonrisa. Me recordó muchísimo a mi primer año de la universidad, cuando con una gran maleta iba recorriendo todo San Juan, preguntando nerviosa a todo el mundo para encontrar la parada del bus que me llevaba a casa, seguramente con un cartel así de grande en mi frente que dijera. "sí, soy estudiante de primer año y vuelvo a casa para el fin de semana". Ahora, miraba atrás y pensaba en los siete años que han pasado desde entonces y cómo he cambiado. Y sonrío ahora porque la vida siempre da vueltas... y mira tú por dónde que ahora, soy yo la que responde a las preguntas.
A veces, es gratificante darte cuenta de estas cosas, y le agradezco a Marc, el chico del metro, haberme refrescado la memoria.
domingo, 26 de septiembre de 2010
La impotencia de la ignorancia
Ahora salgo de mi octava guardia. Volví a estar en nivel uno (patología menos grave) y en triage (donde se decide la gravedad de los enfermos que acuden a urgencias y qué especialista es el adecuado. Fue una guardia horrible. Hubo momentos en los que sólo quería desaparecer de allí y estar en una playa desierta, sin gritos, sin dolor, sin prisas... y sobre todo, sin papeles.
Fiestas de la Mercè. Servicio de Urgencias con recursos insuficientes. Yo. Los pacientes. El dolor. La prisa. Los informes. Los especialistas. Las ambulancias. Los extranjeros de Do you speak English, or French or something que no sea castellano? Ahora te vomito encima. Ahora me desangro de un pie. Los guardas de seguridad. Las 20 fichas que se siguen acumulando. ¿Dónde está la enfermera?. Haciendo mil analíticas de ocho médicos a la vez. ¿Dónde está el adjunto? Atendiendo algo grave. ¿Dónde está el R grande? Atendiendo al resto de R pequeños. ¿Y el ambulanciero? Sigue esperando. ¿Y el familliar? Sigue esperando (cuando no te grita por llevar ocho horas esperando... comprensible). ¿Y la abuelita de 90 años?... Qué coño hace una abuelita de 90 años que hace dos años que está deprimida?? Es que está un poco nerviosa. Para tranquilizarla, llevémosla a pasar la tarde al servicio de urgencias, que es un lugar muy tranquilo. Esquizofrénico. "A psiquiatría". Psiquiatría. "No es mío, viene por diarrea". Urgencias de medicina. "Cómo son los psiquiatras, si viene porque no se toma la medicación". ¿Alguien le ha preguntado por qué viene, o le ha tocado la tripa? Sedimento de orina patológico. Conclusión: los esquizofrénicos también se ponen enfermos. El familiar te vuelve a gritar. El neurólogo está cenando, ahora no puedes hablar con él. El cardiólogo está poniendo un marcapasos, ahora no puedes hablar con él. "Señorita, llevo seis horas esperando el resultado de mi analítica". Estoy muy mal, tengo algo de tos y de malestar general. Tras cinco horas de espera... "Ya no estoy tan grave, ¿si me visita mi médico de cabecera el lunes pasa algo?". Crisis epiléptica por tumor cerebral. "Llamo al neurologo, no?" "Pero... lleva tratamiento para la epilepsia?" Cara de fava (mía). Ahora yo me controlo las crisis y firmo el alta voluntaria para coger un coche e ir a buscar a mis padres al aeropuerto. ¿Esto se considera intento autolítico?
No entiendo nada, incomprensible... pero es que nadie entiende. Nadie entiende a los pacientes. Nadie entiende a los de admisiones. Nadie entiende a las enfermeras. Nadie entiende a los médicos... Nadie se entiende a nadie, porque todos vamos con la cabeza puesta en nuestro trabajo. Nadie se preocupa de pensar : "la de admisiones debe recoger bien los datos porque luego tendrá problemas de gestión". Nadie se para a pensar: "la enfermera no me hace antes el electro porque tiene pendientes cuatro analíticas". Nadie se detiene y dice "Voy a informar a este familiar, que lleva un rato esperando y no sabe nada". Nadie piensa en el paciente que espera seis horas en una silla de ........, sintiéndose mal, hasta que le atiendan o, simplemente, le den el resultado de una analítica (en su mayoría normales, hechas sólo para descartar y como protocolo para cubrirse las espaldas). Y nadie nos entiende a nosotros, llamándonos perras que no hacemos nuestro trabajo, que somos dos médicos para todos los pacientes, y en muchas ocasiones nuestro trabajo no depende sólo de nosotros, sino también del resto de profesionales.
Todo esto... da como resultado guardias llenas de tensión y de estrés por parte de todos. Todos ignoramos las funciones de cada cual. Ignoramos las situaciones en las que se encuentran los que nos gritan, los que nos presionan... y ellos la nuestra. Ante esta situación, hoy miraba a mi alrededor, cada cual por salvar lo suyo, sin escucharse unos a los otros y gritando ya por cosas incomprensibles... y me sentí impotente. Impotente porque la ignorancia que nos envuelve a todos en situaciones de estas... convierte un servicio de urgencias en una selva. Y al final, perdemos todos.
martes, 21 de septiembre de 2010
Tradiciones y costumbres... celebración o esclavitud?
Tradiciones y costumbres, año tras año, día a día... Llega un instante en el que decidimos que algo maravilloso se va a convertir en "tradición", y ya está, lo plantamos ahí. Ahí lo dejamos, para que el próximo año volvamos a celebrar esta comida, para que la próxima semana volvamos a quedar para ver una peli, para que mañana vuelvas a hacerme la perdida cuando llegues a casa tras el trabajo... Y pensando pensando me doy cuenta de que mi vida está llena de tradiciones y costumbres que voy acumulando y acumulando... tradiciones que van rellenando mi vida de sentido, de felicidad, de satisfacción. Escusas para ver a mis seres queridos, para hablar con mi familia y para otras muchas cosas. Es importante mantener las tradiciones... no perder el contacto con algunos amigos, no dejar nunca de hacer algunas cosas... Pero ¿dónde está el límite? ¿Todo debería convertirse en tradición? ¿Qué pasa con las tradiciones que se convierten en repetitivas y absurdas, hasta el punto de convertir el sentimiento primario en hastío? ¿Qué pasa con las tradiciones a las que nos volvemos dependientes patológicos, provocando angustia cuando nos falta? ¿Los cumpleaños que se te olvidan, los aniversarios que ni imaginaste que podrían existir, la perdida que nunca llega... y se convierten en motivos de disputa?
¿Dónde colocamos el límite? Debe haber un límite.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Els incendis d´una terra... la meua terra.
Esta entrada está dedicada a mi tierra, y es por eso que está escrita en mi lengua materna. La traducción la tenéis al final. Un saludo.
Serra de Mariola.
Tota a floretes
Tota a floretes si
Tota a floretes no
Tota a floretes.
En sentir la noticia, les llàgrimes van aparèixer caient lentament per les meues galtes. Serra de Mariola d´una banda, Font Roja d´una altra... Aquesta és la sort de la gent del meu poble, que viu a voreres de tressors de la terra. En sentir la notícia, no vaig poder evitar-ho. El cor se´m va encongir, les mans em van abraçar i, a poc a poc, els meus ulls van deixar anar les llàgrimes de tristor. Paratge natural, niu de vida, cor de la terra. Des de petita, viatges he fet per tot arreu de la comarca, amb unes botes, una motxilla, i la il·lusió d´anar a recòrrer camins plens de verd, de sentir el cant dels ocells, de detindre la ciutat ben lluny i de conviure amb la natura. La verda natura que envolta la meua terra... i que ara trobe tant a faltar. Sóc lluny... però en setir l´olor del romer i del timó, recorde els sentiments de la meua Serra de Mariola. Un incendi provocat... 4600 hectàrees... Aquest ha estat prop de socarrar la Mariola... d´altres no han tingut tanta sort. Amb tot açò a sobre, el meu cor tan sols té ganes de plorar.
Traducción:
Cuando escuché la noticia, las lágrimas aparecieron cayendo lentamente por mis mejillas. Serra de Mariola por un lado, Font Roja por otro... ésta es la suerte de la gente de mi pueblo, que vive en las cercanías de tesoros de la tierra. Cuando escuché la noticia, no pude evitarlo. Mi corazón se encogió, mis manos me abrazaron y, poco a poco, mis ojos dejaron ir las lágrimas de tristeza. Paisaje natural, nido de vida, corazón de la tierra. Desde pequeña, viajes he hecho por los alrededores de la comarca, con unas botas, una mochila, y la ilusión de ir a recorrer caminos llenos de verde, escuchar el canto de los pájaros y convivir con la naturaleza. La verde naturaleza que envuelve mi tierra... y tanto encuentro a faltar. Estoy lejos... pero cuando siento el aroma del romero y del tomillo recuerdo los sentimientos de mi Serra de Mariola. Un incendio provocado... 4600 hectáreas ... Éste ha estado cerca de socarrar Mariola... otras no han tenido tanta suerte.
Con todo esto, mi corazón sólo tiene ganas de llorar.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Las palabras
Siempre discutían. Ayer no fue diferente. Hoy, en cambio, sólo hay silencio. El silencio de las palabras. ¿Por qué dejar que nos aterroricen? ¿Por qué dejar que se agolpen en nuestra garganta mientras, quitándonos nuestra respiración, nos desangran el alma hasta el fin? Hasta el fin... Una simple palabra que no sale, que se acomoda en nuestro interior martirizándonos... Una simple palabra que se transforma en otra más sonora y menos sincera, pero igual de simple. Se transforma en una palabra que consigue nacer para transmitir lo contrario a lo que deseamos... para no herir nuestro orgullo. ¿Orgullo? Orgullo que alimenta las falsas palabras enterrando las verdaderas y crucificándonos en nuestra cobardía.
Sí, él se mantuvo de pie, firme. Se mantuvo impasible frente a su rostro, y casi sin mirar, dijo adiós y dio media vuelta. El orgullo se mantuvo intacto mientras algo tan pequeño como las palabras "te quiero", ésas que nunca pronunció, lo destrozaron hueso a hueso, músculo a músculo, hasta llegar a arrebatarle el último suspiro, el último aliento... lleno de orgullo.
sábado, 28 de agosto de 2010
La muerte de Grumilda
Hoy es un día triste. Mi ranita ha muerto. La llamábamos Grumilda. Sé que no es un nombre de rana pero, ¿Cómo son los nombres de rana? La llamé así por mi abuela, que también se llamaba Grumilda. Se parecían mucho porque ambas tenían una como una bolsa de carne que les caía bajo la cara. Grumilda fue un regalo de mis padres por mi octavo cumpleaños. Ahora, dos años más tarde, está muerta en mi mano y no puedo hacer ninguna cosa para remediarlo.
He intentado revivirla, pero no he podido. Primero pensé que estaba dormida. La llamé bien fuerte "Grumilda, Grumilda", pero no se despertó. En segundo lugar, la puse dentro del terrario, para ver si reaccionaba, pero no, mi ranita se quedó allí quietecita. Intenté darle alguna cosa de comer. En mi patio siempre encuentro muchos insectos para Grumilda. Cogí unos cuantos y los lancé al terrario. Grumilda no se movió ni un milímetro, en comparación con los insectos, que luchaban por salir. En este momento fue cuando ya empecé a preocuparme un poco. Entre mis manos, la sostuve y la sacudí de un lado a otro sin ningún resultado.
Lo único que puedo hacer ahora es llamar a mi papá. Él siempre sabe qué es lo que hay que hacer. No sabía cierto si era buena idea llamarlo. Seguro que me iba a decir cosas feas, como que no soy responsable y no cuido de mis cosas. No entiendo por qué ha muerto. Yo la estuve cuidando todos los días. Pero a pesar de eso, seguro que mi papá se enfadará y me gritará. Sea como sea, es la única opción que tengo.
Mi papá se puso furioso. "¿Qué le has hecho a Grumilda?" Yo empecé a llorar. Mi mamá, cuando vio a Grumilda entre mis manos, sin hacer ningún movimiento, lo entendió todo. Pensé que también se enfadaría conmigo, pero no. Miró a mi papá y él dejó de gritarme. Después me cogió las manos. Mi mamá tiene una piel muy suave, casi como la de Grumilda, que tenía la piel húmeda por mis lágrimas. Sostuvo a Grumilda y la besó. Seguro que eso sí iba a funcionar. Sus besos eran, sin duda alguna, los mejores del mundo. Si a mí me dijeran que la mamá me daba un beso si volviera al mundo, no me lo pensaría ni un instante. Esperanzado, esperé. Mi mamá, con su dulzura de siempre, me miró sonriendo. Pero yo no entendí el porqué. Grumilda no parecía que hubiera revivido. Me puso a Grumilda otra vez entre las manos. Y fue entonces cuando me dijo: "Grumilda ha muerto y no podemos hacer nada. Ella se ha subido en una nube plateada y viaja hacia un mundo lejano. La muerte es el punto final de la vida. Sé que la querías. Por eso, yo le he dado un beso, para agradecerle su amistad. Todo continúa y tú tienes que dejarla marchar. Despídete de Grumilda contento de haber podido compartir parte de tu vida con ella"
La mamá me ayudó a hacer una cajita para enterrar a Grumilda. Utilizamos muchos colores porque mi mamá decía que no tenía que ser un día triste. En una piedra escribí: "Grumilda, mi mejor amiga", y me despedí de ella, como dijo mi mamá, con una sonrisa.
viernes, 20 de agosto de 2010
Triste y enfadada... Muerte y depresión
Hoy murió la paciente que me dijo que me quería. Sé que no me debe afectar, pero estoy triste... y enfadada. Triste porque murió con una depresión mayor que no se pudo controlar con tratamiento farmacológico. Enfadada porque las personas "raras" o "especiales" no suelen gustar y merecen el mismo respeto que el resto. Triste porque después de casi dos meses escuchándola gritar por los pasillos, le había cogido cariño. Enfadada porque las últimas palabras que escuché de su boca fueron que nadie la quería y que siempre estaba sola. En el parte de defunción pondrá que murió por lo que sea pero... la depresión mayor se la estaba comiendo viva. Morir con una depresión mayor dentro de un hospital?
No, esta no es la clase de muerte que yo desearía. ¿De verdad no se puede hacer nada frente a esto?
lunes, 16 de agosto de 2010
Intentando detener el tiempo
Tic, tac, tic, tac, suenan los segundos. Tic, tac, tic, tac, siempre sin cesar. Tic, tac, tic tac... imposible deternerlo...
Miro a mi alrededor, a sus caras apesadumbradas porque el tiempo corre y mi tren parte. Miro sus cuerpecitos como, encogidos, se retuercen sobre sí mismos para evitar el impulso de detenerme. Les miro sin mirarles porque sé que si lo hago, toda mi entereza caerá y lloraré. Y si lloro yo... ellos caerán conmigo. Si yo me mantengo fuerte, ellos se quedan tranquilos y es menos duro. Me despido entonces, sin despedirme, pensando en mil cosas externas al momento. Me despido con mi mente en otra parte mientras mi corazón late a gritos que pronto volveré a estar con ellos. Con la tranquilidad que me es posible, doy media vuelta y me alejo. Un vez más, como tantas otras. Me alejo de nuevo.
Pero aún no ha pasado todo... aún me queda otra despedida.
Subo al coche. Un trayecto largo, pero corto... intentando detener el tiempo. Intentando que nunca lleguemos a la estación. Allí, esperamos a que auncien mi tren mientras intentamos hablar de muchas otras cosas... que no tienen la más mínima importancia porque sólo puedo pensar en una cosa: la hora se acerca y mi tren... partirá. Los últimos minutos nada existe ya para mí, sólo los cálidos dedos de su mano acariciando mi mejilla mientras yo intento rodearle con mi pequeño cuerpo... agarrándole todo lo fuerte que puedo... intentando detener el tiempo.
Intentando... sin conseguirlo. Otra media vuelta. Mi tren parte... y yo con él.
Tic, tac, tic, tac...
... afortunadamente, nadie puede detener el tiempo...
... y ya queda menos para volver a verlos.
sábado, 31 de julio de 2010
Otra muerte más...
... y además inesperada.
Cuando entras a la habitación de un paciente, siempre intentas mirar cuánto de estable está. Miras las analíticas, las pruebas de imagen... y haces una orientación diagnóstica más o menos acertada pero, en cuanto a lo de la muerte... piensas que puedes esperarla... cuando no hay nada más falso en este mundo. Hoy, otra muerte inesperada. En los pases de guardia de la mañana, cuando el médico de guardia dice... "... y ha habido un éxitus...", a tu mente vienen los pacientes de tu lista que estaban más malitos. Siempre esperas que muera un abuelito con millones de cosas añadidas, o alguien que tiene alguna enfermedad que sabes que puede complicarse fácilmente... Pero no siempre ocurre lo que esperas, como hoy, y el nombre y la habitación que escuchas son de una persona que, cuando la visitaste el día anterior, estaba todo lo bien que se puede estar en un hospital... En ese momento, no sabes qué sentir. Primero, obviamente, quieres saber qué es lo que pasó. Cómo puede ser que ayer te fueras a casa tan tranquila, y hoy tu paciente muera... Y el tiempo que tardan en contártelo, te planteas millones de cosas, que generalmente, no son ciertas. Y después te queda el sentimiento de impotencia de pensar que pasara lo que pasara, ahora ya es tarde para solucionarlo porque la muerte te ha ganado la batalla. No obstante, te vienen mil ideas a la cabeza dependiendo del paciente: "Me equivoqué en el diagnóstico, no debería haber indicado esa prueba, debería haber explorado mejor, debería haber puesto otro tratamiento..." Se te agolpan sentimientos de culpa, ahora ya sin sentido, porque desgraciadamente, a los médicos, siempre siempre siempre nos gustaría haber podido hacer más. La peor parte, no es esa. La peor parte, enfrentarte a unos familiares que tampoco esperaban la muerte de un familiar. Generalmente, cuando no lo vemos claro, los adjuntos y R grandes siempre hablan con los familiares y van poco a poco preparándoles para un posible duelo. Pero cuando la muerte te sorprende... ¿Cómo responder ante una familia que acaba de soportar un gran golpe emocional cuando ni siquiera tú puedes responderte muchas veces?
Todo siempre tiene un por qué. Si orientas algo, tienes tus motivos. Si indicas una prueba, es porque consideras que los beneficios son mucho mayores que los riesgos... que desgraciadamente, siempre existen. Y, como en el caso de hoy, esos pequeños porcentajes de riesgos de pruebas que se indican sin ningún tipo de miedo por eso mismo, porque los porcentajes son muy pequeños, a veces, le tocan a alguien, como a la paciente de hoy. Como toda persona, desgraciadamente, los médicos, también nos equivocamos y, aunque nuestros errores en ocasiones se cobran con la vida de alguien, siempre intentamos poner todo de nuesrta parte para que esto nunca nunca nunca ocurra. Lamentablemente, en medicina, a veces no basta con intentarlo.
El hijo de nuestra paciente, muy educadamente, nos pidió alguna explicación. No pensaba en denunciarnos, sólo quería saber por qué. Y es totalmente lógico y normal que quiera saberlo. Hoy aprendí con mi adjunto a guardar calma, a saber informar y consolar al mismo tiempo, a tener un momento de paciencia, comprensión y, en definitiva, humanidad, con un hijo que termina de perder a su madre. Un hijo que me dió la mayor de las lecciones cuando, muy amablemente, nos expuso todo lo que él consideraba que había fallado durante la guardia, con la mayor de las razones, y con un hilo de voz nos dijo que no pensaba quejarse, sólo pensaba hacer una reflexión para que nosotros la transmitiéramos a quien tocara con la finalidad de que lo que pasó con su madre no vuelva a repetirse con las madres de otros. Nada de denuncias, sino el más sincero de los respetos por nuestra profesión.
La muerte nos ganó otra batalla hoy... y nunca sabré si se pudo evitar esta muerte, porque todo lo que hicimos estaba justificado. A veces es fácil opinar una vez has visto el curso de los acontecimientos pero, lo complicado es saber adelantarse a ellos, y cuando tomas una decisión, siempre corres el riesgo de equivocarte. Nunca sabremos qué hubiera pasado si hubiéramos seguido otro camino. Ahora ya no. Sólo nos queda, como muy bien aprendí hoy del familiar de mi paciente, aprender de esta experiencia para evitar que me pase en el futuro.
jueves, 17 de junio de 2010
Y yo me preocupo porque ya voy a cumplir 30...
Hoy fue un día de esos en los que la verdadera realidad te abofetea para que olvides tu mundo ideal y pises la tierra. Cada cual siempre sigue su camino. Los problemas de nuestra vida se convierten en aquellos que rigen nuestros sentimientos, nuestras emociones... Y vives preocupada por aquellos asuntillos que te van rodeando sin pensar en nada más.
Cuando cumplí los 25 años, pensé que ya me estaba haciendo demasiado mayor. Que el tiempo pasa demasiado deprisa... y sin darnos apenas cuenta, nos hacemos viejos.
Hoy me contaron el caso de una paciente que, diagnosticada de cáncer de ovario terminal, tiene un muy mal pronóstico y sólo tiene 29 años... Ya no pueden hacer nada por ella... es terminal... y entonces, una chica a mi lado dijo la frase: "Y yo me preocupo porque voy a cumplir 30..."
Sí, cada cual sigue su vida, sus problemas... y hay veces que te llegan bofetadas como ésta que te hacen replantearte la vida.
Cumplir años... deberíamos celebrarlo en lugar de ponernos tristes. Hay gente que desgraciadamente, no tiene la suerte de poder cumplir años... y llegar a hacerse viejo.
lunes, 7 de junio de 2010
La paz del mar...
No he podido evitarlo. De repente, todo perdió importancia. Sólo pude concentrarme en las olas que, de forma repetitiva, iban balanceando los pequeños veleros que navegaban por este mar en calma... En calma. Así es como no pude evitar sentirme mientras miraba el mar.
Ya llevo una semana... y no he vuelto a marearme. Camino paso tras paso sintiéndome un poco más en casa. Y cuando me pierdo... busco una ventana y observo la vida de afuera. Y entonces, es cuando me pierdo de verdad y cuando, paradójicamente, me encuentro. Vuelvo a sentir paz en la vida.
Hoy volvimos a ver a la paciente que más me asusta. Ahora sabe donde está, ahora no. Ahora esta tranquila, ahora cree que la persiguen para matarla y puedes ver en su rostro el pánico desgarrándole la cara. Jamás pensé que pudiera existir tanto sufrimiento, tanto miedo... y jamás pensé que me afectaría tanto. Miré a la ventana y pude ver una gran gaviota volando por el cielo, desplegando sus alas al ritmo del viento, bailando la hermosa canción de la vida. Yo también andaba desorientada... Siempre que llegamos a esa habitación, siento como mi corazón late con más fuerza, como mi pulso se acelera. Siento náuseas y sofocos... Y es que el simple reflejo del pánico que siente ella es suficiente para ponerme a mí los pelos de punta. Loca la llaman... pero a mí, a pesar de lo que me produce, es la que más simpatía me causa, y a la que realmente quiero ayudar.
Los veleros, las gaviotas... y el intenso azul del mar acariciando el suave azul del cielo. Ahí estaba la paz de mis muros de miedos. Mis miedos a no ser capaz de combatir el sufrimiento, el dolor, la impotencia... Es tan bella la vida ahí fuera...
Hoy la paciente me reconoció. No tiene ni idea de quién soy, y se confundió al reconocerme, pero mientras hablaba mirandome a la cara... ya no sentí el mismo miedo. Sentí tranquilidad. Pues, aunque ella en realidad no me estaba reconociendo... sus facciones se tranquilizaron al creer reconocer una cara antigua. ¿Qué más daba entonces que se estuviera equivocando de persona?
Cuando se puso nerviosa... miré fuera de la ventana, y busqué mi paz en la vida de ahí fuera... para poder transmitírsela luego a ella. Me funcionará siempre? Espero que sí. Yo, al menos, eso creo.
sábado, 3 de abril de 2010
Un pequeño viaje... en ascensor
Subidos en un ascensor pasamos los segundos mirando el espejo, los focos, los carteles... esperando a que vayan pasando los pisos uno a uno. Si se da la casualidad de que no estamos solos, nos enfrentamos al típico silencio incómodo. Los pisos pasan igual, pero a una velocidad muuucho más lenta. El otro día, en un ascensor, tuve la oportunidad de viajar durante unos cuantos pisos con una personita que, a pesar de su aparentada corta edad, por su conversación con la que parecía su madre, simulaba ser un "pez gordo". Una de esas personas que se nos presentan en las películas con impecables trajes carísimos y una enorme billetera en el bolsillo. Claro, esto es en las películas. En la vida real, no tiene por qué ser así. ¿Por qué no tener apariencia de niño que viaja con su madre?
La conversación era muy fluída. Demasiado para ser improvisada con el tiempo. Al principio, no le presté atención alguna. Cuando vi que se unían dos personas más al ascensor, lo primero que pensé fue que los pisos iban a pasar leeentos. Pero de repente, oí la palabra Hong Kong y mi mente dejó de pulular por ninguna parte para prestar atención al pequeño hombrecillo que tenía frente a mi. "Estaré ocupado este fin de semana, ya te lo he dicho, me voy a Hong Kong" Ya no eran imaginaciones mías. Realmente este niño tenía planes en Hong Kong. Parecían importantes. ¿Cuántos años tendría? ¿Diez? ¿Tal vez once? Su madre lo interrumpió con algo de autoridad: "Haz lo que quieras pero a las diez tienes que dejarte un hueco para..." Y el pequeño hombrecillo la interrumpió para decirle: "No, a las diez no voy a poder. Tengo una reunión con los presidentes"
Con los presidentes... Sin lugar a dudas, éste era el mejor viaje entre pisos que estaba teniendo. ¿De dónde había salido esta personita? No pude resistir mirar a la madre. Me miró y me sonrió, y fue entonces cuando me di cuenta de hasta qué punto llegaba la imaginación de este niño. Y lo mejor, su madre no le reprimía nada, sino que seguía el pequeño juego de sus locuras. Me fascinaron ambos y no pude evitar reír. Aun cuando yo no estaba en ese ascensor, continué riendo. Me hubiera gustado esta vez continuar allí durante más tiempo y poder sumergirme un rato más en la mente imaginativa de aquel niño, que tenía toda una agenda organizada para este fin de semana, nada más y nada menos que en Hong Kong. Ya que organizamos una reunión, ¿Por qué no en China? ¿Quién dice que no pueda ser?
Esta pequeña personita, que en realidad de pequeña no tenía nada, me recordó el poder de la imaginación, el poder de los sueños, la locura de lo imposible. Gracias a una idea, alguien puede hacer realidad las mayores fantasías que cualquier loco hubiera tenido. Porque en esta vida, todo sale de un pequeño sueño, una pequeña ilusión... una pequeña locura.
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