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sábado, 28 de agosto de 2010

La muerte de Grumilda

Hoy es un día triste. Mi ranita ha muerto. La llamábamos Grumilda. Sé que no es un nombre de rana pero, ¿Cómo son los nombres de rana? La llamé así por mi abuela, que también se llamaba Grumilda. Se parecían mucho porque ambas tenían una como una bolsa de carne que les caía bajo la cara. Grumilda fue un regalo de mis padres por mi octavo cumpleaños. Ahora, dos años más tarde, está muerta en mi mano y no puedo hacer ninguna cosa para remediarlo.
He intentado revivirla, pero no he podido. Primero pensé que estaba dormida. La llamé bien fuerte "Grumilda, Grumilda", pero no se despertó. En segundo lugar, la puse dentro del terrario, para ver si reaccionaba, pero no, mi ranita se quedó allí quietecita. Intenté darle alguna cosa de comer. En mi patio siempre encuentro muchos insectos para Grumilda. Cogí unos cuantos y los lancé al terrario. Grumilda no se movió ni un milímetro, en comparación con los insectos, que luchaban por salir. En este momento fue cuando ya empecé a preocuparme un poco. Entre mis manos, la sostuve y la sacudí de un lado a otro sin ningún resultado.
Lo único que puedo hacer ahora es llamar a mi papá. Él siempre sabe qué es lo que hay que hacer. No sabía cierto si era buena idea llamarlo. Seguro que me iba a decir cosas feas, como que no soy responsable y no cuido de mis cosas. No entiendo por qué ha muerto. Yo la estuve cuidando todos los días. Pero a pesar de eso, seguro que mi papá se enfadará y me gritará. Sea como sea, es la única opción que tengo.
Mi papá se puso furioso. "¿Qué le has hecho a Grumilda?" Yo empecé a llorar. Mi mamá, cuando vio a Grumilda entre mis manos, sin hacer ningún movimiento, lo entendió todo. Pensé que también se enfadaría conmigo, pero no. Miró a mi papá y él dejó de gritarme. Después me cogió las manos. Mi mamá tiene una piel muy suave, casi como la de Grumilda, que tenía la piel húmeda por mis lágrimas. Sostuvo a Grumilda y la besó. Seguro que eso sí iba a funcionar. Sus besos eran, sin duda alguna, los mejores del mundo. Si a mí me dijeran que la mamá me daba un beso si volviera al mundo, no me lo pensaría ni un instante. Esperanzado, esperé. Mi mamá, con su dulzura de siempre, me miró sonriendo. Pero yo no entendí el porqué. Grumilda no parecía que hubiera revivido. Me puso a Grumilda otra vez entre las manos. Y fue entonces cuando me dijo: "Grumilda ha muerto y no podemos hacer nada. Ella se ha subido en una nube plateada y viaja hacia un mundo lejano. La muerte es el punto final de la vida. Sé que la querías. Por eso, yo le he dado un beso, para agradecerle su amistad. Todo continúa y tú tienes que dejarla marchar. Despídete de Grumilda contento de haber podido compartir parte de tu vida con ella"
La mamá me ayudó a hacer una cajita para enterrar a Grumilda. Utilizamos muchos colores porque mi mamá decía que no tenía que ser un día triste. En una piedra escribí: "Grumilda, mi mejor amiga", y me despedí de ella, como dijo mi mamá, con una sonrisa.