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sábado, 12 de marzo de 2011

Yo, la Nada y tu ausencia

Ayer me acosté en la noche. Pegué fuertemente mis sábanas a mi cuerpo, intentando simular tu calor ausente. Como una noria fui dando vueltas infinitas en mi soledad. Cogí algo a lo que abrazarme, intentando simular tu corporalidad lejana. Como una cascada sentí desbordar la desesperación de segundos sin sentido. Encendí el televisor en busca de la rotura del silencio atronador que mecía mis latidos tristes. Como despejada noche sin lucero alguno en un mundo paralelo sentí perdida mi voz gritando sin hallar respuesta.

Esta mañana no salió el sol. Ensimismada me dejo llevar por las gotas que caen con rudeza ensordecedora, hasta que dejo de sentir mi cuerpo,  mi mente... y sólo hay inquebrantable nada.

Una lágrima se escapa furtivamente, asomando al exterior tímidamente desde mi alma. Ahora que mi mundo se ha detenido, la siento cálida, tierna. ¿Quién llora? Lleno mis pulmones de aire fresco que entra por la fina rendija de mi ventana. Lo siento penetrando en un interior que por unos instantes creí muerto, dando fuerzas a un corazón al que escucho cohibido y que creí enmudecido para siempre. Estoy aquí. Yo. No sé quién soy. Pero sea lo que sea, estoy aquí... y te extraño.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Las palabras

Siempre discutían. Ayer no fue diferente. Hoy, en cambio, sólo hay silencio. El silencio de las palabras. ¿Por qué dejar que nos aterroricen? ¿Por qué dejar que se agolpen en nuestra garganta mientras, quitándonos nuestra respiración, nos desangran el alma hasta el fin? Hasta el fin... Una simple palabra que no sale, que se acomoda en nuestro interior martirizándonos... Una simple palabra que se transforma en otra más sonora y menos sincera, pero igual de simple. Se transforma en una palabra que consigue nacer para transmitir lo contrario a lo que deseamos... para no herir nuestro orgullo. ¿Orgullo? Orgullo que alimenta las falsas palabras enterrando las verdaderas y crucificándonos en nuestra cobardía.
Sí, él se mantuvo de pie, firme. Se mantuvo impasible frente a su rostro, y casi sin mirar, dijo adiós y dio media vuelta. El orgullo se mantuvo intacto mientras algo tan pequeño como las palabras "te quiero", ésas que nunca pronunció, lo destrozaron hueso a hueso, músculo a músculo, hasta llegar a arrebatarle el último suspiro, el último aliento... lleno de orgullo.

sábado, 3 de abril de 2010

Un pequeño viaje... en ascensor

Subidos en un ascensor pasamos los segundos mirando el espejo, los focos, los carteles... esperando a que vayan pasando los pisos uno a uno. Si se da la casualidad de que no estamos solos, nos enfrentamos al típico silencio incómodo. Los pisos pasan igual, pero a una velocidad muuucho más lenta. El otro día, en un ascensor, tuve la oportunidad de viajar durante unos cuantos pisos con una personita que, a pesar de su aparentada corta edad, por su conversación con la que parecía su madre, simulaba ser un "pez gordo". Una de esas personas que se nos presentan en las películas con impecables trajes carísimos y una enorme billetera en el bolsillo. Claro, esto es en las películas. En la vida real, no tiene por qué ser así. ¿Por qué no tener apariencia de niño que viaja con su madre?
La conversación era muy fluída. Demasiado para ser improvisada con el tiempo. Al principio, no le presté atención alguna. Cuando vi que se unían dos personas más al ascensor, lo primero que pensé fue que los pisos iban a pasar leeentos. Pero de repente, oí la palabra Hong Kong y mi mente dejó de pulular por ninguna parte para prestar atención al pequeño hombrecillo que tenía frente a mi. "Estaré ocupado este fin de semana, ya te lo he dicho, me voy a Hong Kong" Ya no eran imaginaciones mías. Realmente este niño tenía planes en Hong Kong. Parecían importantes. ¿Cuántos años tendría? ¿Diez? ¿Tal vez once? Su madre lo interrumpió con algo de autoridad: "Haz lo que quieras pero a las diez tienes que dejarte un hueco para..." Y el pequeño hombrecillo la interrumpió para decirle: "No, a las diez no voy a poder. Tengo una reunión con los presidentes"
Con los presidentes... Sin lugar a dudas, éste era el mejor viaje entre pisos que estaba teniendo. ¿De dónde había salido esta personita? No pude resistir mirar a la madre. Me miró y me sonrió, y fue entonces cuando me di cuenta de hasta qué punto llegaba la imaginación de este niño. Y lo mejor, su madre no le reprimía nada, sino que seguía el pequeño juego de sus locuras. Me fascinaron ambos y no pude evitar reír. Aun cuando yo no estaba en ese ascensor, continué riendo. Me hubiera gustado esta vez continuar allí durante más tiempo y poder sumergirme un rato más en la mente imaginativa de aquel niño, que tenía toda una agenda organizada para este fin de semana, nada más y nada menos que en Hong Kong. Ya que organizamos una reunión, ¿Por qué no en China? ¿Quién dice que no pueda ser?
Esta pequeña personita, que en realidad de pequeña no tenía nada, me recordó el poder de la imaginación, el poder de los sueños, la locura de lo imposible. Gracias a una idea, alguien puede hacer realidad las mayores fantasías que cualquier loco hubiera tenido. Porque en esta vida, todo sale de un pequeño sueño, una pequeña ilusión... una pequeña locura.