Sabes que el tiempo va pasando, y la distancia entre segundo y segundo es inmodificable, eternamente la misma. Inspiro y espiro para sobrevivir, sin descanso... a veces al compás del tiempo, otras, al compás de lo que me gritan las situaciones de mi vida. Pero el tiempo pasa igualmente, sin importar lo lento que inspire, lo rápido que espire... El tiempo pasa ignorando las escenas de mi historia.
Me miro las manos. Blancas como la leche. Busco las secuelas de la edad... pero no encuentro diferencia alguna con respecto a la apariencia que tenían ayer. Me miro en el espejo... y veo la misma cara de niña que siempre. Me siento en el sofá con las piernas cruzadas. Al levantarme, mis articulaciones se quejan... sí, será que mi cuerpo también acompaña al tiempo.
Sentada en la mesa con mis compañeros de la vida, mis seres queridos, las personas a las que admiro por una u otra razón, las que me sonríen cuando todo parece negro y las que me escuchan cuando les pinto de colores el mundo... los miro silenciosa mientras cuentan sus historias de la infancia. Cada cual, cuenta la suya, todas diferentes, con finales distintos. Los miro silenciosa recordando en mi interior las escenas vividas con ellos... y sonriéndome.
He ido acompañando al tiempo casi sin percatarme, cumpliendo años sin descanso, siempre la misma distancia entre ellos... corriendo yo más o menos, mientras voy recogiendo del camino compañeros como los que compartieron este fin de semana conmigo y que también acompañan al tiempo, corriendo más o corriendo menos.
Hoy, mientras les escuchaba, sonreí. Doy gracias de tener la suerte de contar con ellos en este camino. Es verdad que no me doy cuenta de este paso del tiempo... pero está. Está, y con él, relleno mi vida de grandes momentos acompañada de gente maravillosa. El que pueda llenar una mesa de grandes amigos para compartir un día como hoy, es también una secuela del paso del tiempo que, bien aprovechado, te permite ir amueblando tu existencia de felicidad.
Gracias a todos los que habéis compartido todos y cada uno de los segundos de mi vida que, siempre con la misma distancia entre ellos... he vivido corriendo más, o corriendo menos... pero los he vivido. Os quiero.
Rebeca