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lunes, 21 de febrero de 2011

La Sala de Espera

Me dieron una hoja y me indicaron un pasillo. "Dr. GTRA. Consulta 5a"", me dijeron. Y allí fue donde me dirigí. Pensé que no tardarían en llamarme. No había demasiada gente. Me descubrí nerviosa. Excesivamente nerviosa. Peor, cada vez que la enfermera decía algún nombre. Rápido el latir de la respiración de mi corazón. Hielo húmedo envolviendo mis manos. Truenos que me retorcían de dolor. Intenté distraer mi atención. Miré a cada uno de las personas que me rodeaban. ¿Se sentirían como yo, como si fueran a ser acribilladas a manos de un terrorista sin escrúpulos? Porque después de estudiar mi estado, tampoco creo que hubiera mucha diferencia. Reí. Cualquiera diría que iba a una visita a pedir consejo médico!! Unos acompañados. Otros, como yo, con menor suerte... solos. Unos reían. Otros, no. Algunos, leían con tranquilidad, dejando pasar el tiempo como si estuvieran en el salón de su casa.
Y luego, ¿Quién sería el Dr. GTRA? Hombre, sí. Pero... ¿sería mayor, o sería joven? ¿Sería simpático y agradable, o sería seco y con ganas de terminar rápido su trabajo? ¿Sería competente, o sería de los que se sacó la carrera copiando en todos los exámenes? ¿Sería de aquí o sería extranjero? ... ¿Y la enfermera? ¿O enfermero? Y... ¿cómo sería? Resultado de tantas preguntas equivale a más nervios. Pasan más horas y yo sin ser atendida.
No es por nada que dicen que los médicos somos malos pacientes... y afortunadamente, también nos ponemos enfermos! Porque ahora, a mis pacientes que no me conocen y me esperan con miedo. A los que esperan horas preguntándose mil cosas... los entiendo un poquitito mejor.

sábado, 29 de enero de 2011

El Día del Examen MIR.

(Hoy es el día del Examen MIR 2011... Ahora mismo, miles de licenciados de medicina están sentados en aulas repartidas por toda España... contestando a las preguntas, una a una, calculando el tiempo que les queda para el fin. Unos estarán más nerviosos que otros. Dentro de unas horas, para todos, sin excepción, toda esta etapa habrá cerrado un capítulo... y sólo quedará preguntar en hospitales para realizar la buena elección. Yo estuve allí hace un año... Después de muchos meses de nervios... el día llegó. Comparto con vosotros lo que escribí para mí aquella mañana... por si a alguien le sirve)



"Faltan pocas horas y no sé cierto qué es lo que siento. Nerviosa... estoy. Controlada... de momento. ¿Podré mantenerme así hasta que todo este circo empiece? Seguramente sí. He luchado mucho para esto... y no voy a permitirme estropearlo. Sé que puedo hacerlo... lo sé. Ahora... sólo tengo que hacerlo.
Rebeca... mira hacia delante, con la cabeza bien alta, porque tu sueño está a punto de hacerse realidad, y no puedes perdértelo.
Quiérete, mujer del mundo... Quiérete."




Para todos aquellos que hoy habitan esas aulas... No os pongáis nerviosos, id tranquilos, el trabajo, hoy, ya está hecho, y porque el bachiller con notas casi imposibles para poder acceder, porque los seis años siguientes de clases, prácticas y exámenes memorizando huesos, células, microorganismos, enfermedades y tratamientos, porque los viernes, sábados, domingos, puentes y festivos que tuvimos que decir "no puedo, tengo que estudiar", y porque todos los meses que pasamos antes de este dichoso exámen... valen la pena... sin lugar a dudas. Mucha a suerte a todos, en el examen, en la elección de plaza... y sobre todo, en cada paciente que se cruce en vuestro camino.


viernes, 3 de diciembre de 2010

El momento del alta

Me encanta el momento en el que das un alta. Significa que ya no necesitan de tus cuidados, que ya pueden volver a su casa, a dormir en su cama, a comer su comida, a ver a sus amigos y familia... Cuando voy a renovar un permiso, o a dar un alta, me gusta siempre preguntarles a los pacientes "Y usted, ¿Qué quiere hacer?". Me gusta porque ellos no se lo esperan. Desgraciadamente, todavía hay, en algunos casos (cada vez menos), una imagen del médico como la persona que debe tomar todas las decisiones. Es cierto que hay casos en los que sí, pero son muy muy pocos. Cuando les pregunto esto, algunos miran a sus familiares, como buscando respuesta en ellos, inseguros. Y es entonces cuando les llamo la atención y les vuelvo a insistir en que no les he preguntado a los familiares, sino a ellos. En lo poco que llevo en la planta de agudos, he visto muchas muchas reacciones. Hay quienes se matan por salir del hospital, y hay quienes se matan por entrar. La decisión del alta... siempre es complicada. No es como cuando estaba en interna, que "ya lleva una semana sin fiebre", o "ya no necesita el antibiótico intravenoso y se lo podemos dar vía oral". No. Aunque tú creas que el paciente está mejor... algunos, con todos los motivos del mundo, tienen miedo de volver a casa. No sé cómo será sobrellevar una enfermedad de las que diagnosticamos nosotros, pero me lo imagino complicado. El momento del alta significa para muchos el tener que intentar vivir sin tanta supervisión, el tener que aprender a controlar las crisis, el tener que recordar cada una de las pastillas que, al mismo tiempo que les permitirán mantener sus mentes más o menos ordenadas y tranquilas, les harán tener unas tensiones por los suelos, una boca seca, una inquietud en ocasiones incontrolable o una salivación vergonzosa. Me gusta preguntarlo porque al hacerlos protagonistas te cuentan sus miedos, si es que existen. Y me gusta tener estas charlas porque aprendo un poco más cómo deben sentirse. Y me gusta porque el trabajo más duro, tienen que hacerlo ellos, porque los momentos más duros, tendrán que pasarlos ellos, porque los miedos a los que deberán seguir combatiendo... siempre son de ellos... Me gusta tener un momento de reflexión antes del alta/permiso, para intentar transmitirles confianza y fuerza. Y por todo esto, pienso que se merecen el protagonismo. ¿Criterio médico? Mejor preguntamos también al paciente, no creen?

(Siento no haber vuelto a escribir desde hace un mes, pero quería dejar la anterior entrada hasta que mi ángel saliera de alta, como una especie de vela encendida por ella, esperando a verla regresar. Hoy ha sido su momento del alta. Ángel de mi vida, no sé si tu médico te habrá hecho protagonista. Yo desde aquí, te repito lo que siempre has sabido. No creo, SÉ que de aquí saldrás más fuerte. No tengo dudas, SÉ que tienes fuerza suficiente para superar cualquier obstáculo. No me equivoco al decir que SÉ que poco a poco irás dando pasos, cada vez más grandes, hacia un futuro brillante, lleno de música y de color, SIN medicación y, claro está, con todo mi cariño y mi admiración. SIEMPRE, admiración. Esta entrada, también es tuya. Hoy es el día de tu alta, por lo que hoy, tú eres la protagonista. Te quiero siempre.)

domingo, 3 de octubre de 2010

Unidad de agudos... otra vez

Mañana, comienzo mi rotación de verdad en la Unidad de Agudos de mi monográfico (hospitales al estilo psiquiátrico). Otra vez. Siento que el recuerdo de hace cuatro meses me va pisando los talones... y no se lo quiero permitir. ¿Recordáis lo que me pasó en mi primer día? ¿O cuándo casi le vomito a la esquizofrénica? Cuando empecé mis rotaciones por la medicina de siempre, la del fonendo y las analíticas, recordaba estos capítulos de mi vida riendo (junto con mis co-R) y veía lejos el día en el que me tocaría volver y enfrentarme de nuevo a esos muros que tan fríos me parecieron en un momento... Ahora me quedan pocas horas para volver a ellos, y estoy nerviosa. Por suerte, leyendo las anteriores entradas a las que os he puesto el enlace, recordé que con el paso de los días, me fui sintiendo un poquito más cómoda con la gente, con los pacientes... y supongo que en estas primeras semanas me irá pasando poco a poco lo mismo, hasta poder llegar un día en que me refiera al psiquiátrico como mi casa, y poder disfrutar así de la especialidad que escogí. No tengo queja alguna del lugar. Es un hospital precioso, con gente maravillosa, en uno de los parajes más verdes y con más aire puro que nadie pudiera imaginar. Ahora recuerdo llegar por la tarde y encontrarme a los enfermos tomando el aire en los banquitos de los jardines... llenos de paz. Ahora, ya no tengo esa paz del mar en la que canalizaba mi miedo hacia una paciente conversiva, pero tengo otro tipo de paz a la que me tendré que aferrar... y tengo fe en que algún día, seré capaz de desenvolverme yo sola en este mundo.
Mis cuatro meses ectópicos me han demostrado que las vertientes psiquiátricas de todas las enfermedades y que los pacientes con comorbilidades psiquiátricas es lo que más ha llamado mi atención. Ahora, por fin, me toca zambullirme por completo en este mundo. Es lo que escogí. Es lo que decidí en su momento. Tengo ocho meses de agudos por delante... y vuelvo a plantearme la cuestión de: "escogí la opción correcta?" Durante este tiempo, he pensado que sí. Mañana comenzaré a averiguarlo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

La impotencia de la ignorancia

Ahora salgo de mi octava guardia. Volví a estar en nivel uno (patología menos grave) y en triage (donde se decide la gravedad de los enfermos que acuden a urgencias y qué especialista es el adecuado. Fue una guardia horrible. Hubo momentos en los que sólo quería desaparecer de allí y estar en una playa desierta, sin gritos, sin dolor, sin prisas... y sobre todo, sin papeles. 
Fiestas de la Mercè. Servicio de Urgencias con recursos insuficientes. Yo. Los pacientes. El dolor. La prisa. Los informes. Los especialistas. Las ambulancias. Los extranjeros de Do you speak English, or French or something que no sea castellano? Ahora te vomito encima. Ahora me desangro de un pie. Los guardas de seguridad. Las 20 fichas que se siguen acumulando. ¿Dónde está la enfermera?. Haciendo mil analíticas de ocho médicos a la vez. ¿Dónde está el adjunto? Atendiendo algo grave. ¿Dónde está el R grande? Atendiendo al resto de R pequeños. ¿Y el ambulanciero? Sigue esperando. ¿Y el familliar? Sigue esperando (cuando no te grita por llevar ocho horas esperando... comprensible). ¿Y la abuelita de 90 años?... Qué coño hace una abuelita de 90 años que hace dos años que está deprimida?? Es que está un poco nerviosa. Para tranquilizarla, llevémosla a pasar la tarde al servicio de urgencias, que es un lugar muy tranquilo. Esquizofrénico. "A psiquiatría". Psiquiatría. "No es mío, viene por diarrea". Urgencias de medicina. "Cómo son los psiquiatras, si viene porque no se toma la medicación". ¿Alguien le ha preguntado por qué viene, o le ha tocado la tripa? Sedimento de orina patológico. Conclusión: los esquizofrénicos también se ponen enfermos. El familiar te vuelve a gritar. El neurólogo está cenando, ahora no puedes hablar con él. El cardiólogo está poniendo un marcapasos, ahora no puedes hablar con él. "Señorita, llevo seis horas esperando el resultado de mi analítica". Estoy muy mal, tengo algo de tos y de malestar general. Tras cinco horas de espera... "Ya no estoy tan grave, ¿si me visita mi médico de cabecera el lunes pasa algo?". Crisis epiléptica por tumor cerebral. "Llamo al neurologo, no?" "Pero... lleva tratamiento para la epilepsia?" Cara de fava (mía). Ahora yo me controlo las crisis y firmo el alta voluntaria para coger un coche e ir a buscar a mis padres al aeropuerto. ¿Esto se considera intento autolítico?

No entiendo nada, incomprensible... pero es que nadie entiende. Nadie entiende a los pacientes. Nadie entiende a los de admisiones. Nadie entiende a las enfermeras. Nadie entiende a los médicos... Nadie se entiende a nadie, porque todos vamos con la cabeza puesta en nuestro trabajo. Nadie se preocupa de pensar : "la de admisiones debe recoger bien los datos porque luego tendrá problemas de gestión". Nadie se para a pensar: "la enfermera no me hace antes el electro porque tiene pendientes cuatro analíticas". Nadie se detiene y dice "Voy a informar a este familiar, que lleva un rato esperando y no sabe nada". Nadie piensa en el paciente que espera seis horas en una silla de ........, sintiéndose mal, hasta que le atiendan o, simplemente, le den el resultado de una analítica (en su mayoría normales, hechas sólo para descartar y como protocolo para cubrirse las espaldas). Y nadie nos entiende a nosotros, llamándonos perras que no hacemos nuestro trabajo, que somos dos médicos para todos los pacientes, y en muchas ocasiones nuestro trabajo no depende sólo de nosotros, sino también del resto de profesionales. 

Todo esto... da como resultado guardias llenas de tensión y de estrés por parte de todos. Todos ignoramos las funciones de cada cual. Ignoramos las situaciones en las que se encuentran los que nos gritan, los que nos presionan... y ellos la nuestra. Ante esta situación, hoy miraba a mi alrededor, cada cual por salvar lo suyo, sin escucharse unos a los otros y gritando ya por cosas incomprensibles... y me sentí impotente. Impotente porque la ignorancia que nos envuelve a todos en situaciones de estas... convierte un servicio de urgencias en una selva. Y al final, perdemos todos.

viernes, 20 de agosto de 2010

Triste y enfadada... Muerte y depresión

Hoy murió la paciente que me dijo que me quería. Sé que no me debe afectar, pero estoy triste... y enfadada. Triste porque murió con una depresión mayor que no se pudo controlar con tratamiento farmacológico. Enfadada porque las personas "raras" o "especiales" no suelen gustar y merecen el mismo respeto que el resto. Triste porque después de casi dos meses escuchándola gritar por los pasillos, le había cogido cariño. Enfadada porque las últimas palabras que escuché de su boca fueron que nadie la quería y que siempre estaba sola. En el parte de defunción pondrá que murió por lo que sea pero... la depresión mayor  se la estaba comiendo viva. Morir con una depresión mayor dentro de un hospital? 

No, esta no es la clase de muerte que yo desearía. ¿De verdad no se puede hacer nada frente a esto?

sábado, 31 de julio de 2010

Otra muerte más...

... y además inesperada. 
Cuando entras a la habitación de un paciente, siempre intentas mirar cuánto de estable está. Miras las analíticas, las pruebas de imagen... y haces una orientación diagnóstica más o menos acertada pero, en cuanto a lo de la muerte... piensas que puedes esperarla... cuando no hay nada más falso en este mundo. Hoy, otra muerte inesperada. En los pases de guardia de la mañana, cuando el médico de guardia dice... "... y ha habido un éxitus...", a tu mente vienen los pacientes de tu lista que estaban más malitos. Siempre esperas que muera un abuelito con millones de cosas añadidas, o alguien que tiene alguna enfermedad que sabes que puede complicarse fácilmente... Pero no siempre ocurre lo que esperas, como hoy, y el nombre y la habitación que escuchas son de una persona que, cuando la visitaste el día anterior, estaba todo lo bien que se puede estar en un hospital... En ese momento, no sabes qué sentir. Primero, obviamente, quieres saber qué es lo que pasó. Cómo puede ser que ayer te fueras a casa tan tranquila, y hoy tu paciente muera... Y el tiempo que tardan en contártelo, te planteas millones de cosas, que generalmente, no son ciertas. Y después te queda el sentimiento de impotencia de pensar que pasara lo que pasara, ahora ya es tarde para solucionarlo porque la muerte te ha ganado la batalla. No obstante, te vienen mil ideas a la cabeza dependiendo del paciente: "Me equivoqué en el diagnóstico, no debería haber indicado esa prueba, debería haber explorado mejor, debería haber puesto otro tratamiento..." Se te agolpan sentimientos de culpa, ahora ya sin sentido, porque desgraciadamente, a los médicos, siempre siempre siempre nos gustaría haber podido hacer más. La peor parte, no es esa. La peor parte, enfrentarte a unos familiares que tampoco esperaban la muerte de un familiar. Generalmente, cuando no lo vemos claro, los adjuntos y R grandes siempre hablan con los familiares y van poco a poco preparándoles para un posible duelo. Pero cuando la muerte te sorprende... ¿Cómo responder ante una familia que acaba de soportar un gran golpe emocional cuando ni siquiera tú puedes responderte muchas veces?
Todo siempre tiene un por qué. Si orientas algo, tienes tus motivos. Si indicas una prueba, es porque consideras que los beneficios son mucho mayores que los riesgos... que desgraciadamente, siempre existen. Y, como en el caso de hoy, esos pequeños porcentajes de riesgos de pruebas que se indican sin ningún tipo de miedo por eso mismo, porque los porcentajes son muy pequeños, a veces, le tocan a alguien, como a la paciente de hoy. Como toda persona, desgraciadamente, los médicos, también nos equivocamos y, aunque nuestros errores en ocasiones se cobran con la vida de alguien, siempre intentamos poner todo de nuesrta parte para que esto nunca nunca nunca ocurra. Lamentablemente, en medicina, a veces no basta con intentarlo.
El hijo de nuestra paciente, muy educadamente, nos pidió alguna explicación. No pensaba en denunciarnos, sólo quería saber por qué. Y es totalmente lógico y normal que quiera saberlo. Hoy aprendí con mi adjunto a guardar calma, a saber informar y consolar al mismo tiempo, a tener un momento de paciencia, comprensión y, en definitiva, humanidad, con un hijo que termina de perder a su madre. Un hijo que me dió la mayor de las lecciones cuando, muy amablemente, nos expuso todo lo que él consideraba que había fallado durante la guardia, con la mayor de las razones, y con un hilo de voz nos dijo que no pensaba quejarse, sólo pensaba hacer una reflexión para que nosotros la transmitiéramos a quien tocara con la finalidad de que lo que pasó con su madre no vuelva a repetirse con las madres de otros. Nada de denuncias, sino el más sincero de los respetos por nuestra profesión.
La muerte nos ganó otra batalla hoy... y nunca sabré si se pudo evitar esta muerte, porque todo lo que hicimos estaba justificado. A veces es fácil opinar una vez has visto el curso de los acontecimientos pero, lo complicado es saber adelantarse a ellos, y cuando tomas una decisión, siempre corres el riesgo de equivocarte. Nunca sabremos qué hubiera pasado si hubiéramos seguido otro camino. Ahora ya no. Sólo nos queda, como muy bien aprendí hoy del familiar de mi paciente, aprender de esta experiencia para evitar que me pase en el futuro.

lunes, 12 de julio de 2010

Un "te quiero"... peculiar.

Hay muchos tipos de "te quiero". El mejor, es aquel que le dices al amor de tu vida. Ése que se dice casi en silencio. Ése que se dice sin necesidad verdadera porque todo tu ser lo grita. El te quiero que todos tememos pronunciar porque abrimos nuestro interior, porque nos volvemos vulnerables... y al mismo tiempo, nos aporta la mayor de las felicidades... siempre que sea correspondido.
Pero hay otros muchos tipos de "te quiero". Los te quiero de amistad y los te quiero a la familia, no menos importantes, y que nos afirman que no estamos solos en el mundo, que nuestras vidas tienen sólidos pilares que la sostienen y nos impiden caer cuando nos tambaleamos, y nos afirman los pies cuando queremos disfrutar del más deslumbrante de los paisajes.
Hoy... escuché un "te quiero" diferente. Un "te quiero" extraño, al que no supe qué contestar. Y es que... ¿Qué se le contesta a una paciente que te coge la mano, te mira durante un silencio incómodo, y tras unos segundos, con la mayor de las seriedades, te dice que te quiere? Sólo le faltaba el anillo de compromiso, de verdad. Yo allí, de pie, y ella sentadita en su butaca... Le faltaba el anillo de compromiso. Luego me pidió que me la llevara a mi casa, que seguro que la cuidaba bien. En fin... una situación MUY extraña.
Sacado de contexto, es así de raro. Si luego os cuento que esta mujer vive con su hijo y que él la obliga a comer dieta vegetariana... sigue siendo raro, pero esto constituye la única explicación que encuentro a esta extraña muestra de amor. La mujer tiene tan pocas ganas de volver a su casa con un hijo que no le deja comer carne, que nos muestra su cariño para ver si alguien la acoge.
Si alguien tiene otra teoría... bienvenida será.
Yo... este "te quiero"... no me lo esperaba. Es demasiado peculiar.

sábado, 10 de julio de 2010

Mujeres en un mundo de hombres

La mujer cada vez está en más sitios. Cada vez se nos ve en más cargos de importancia. Cada vez quedan menos universos de exclusividad masculina... pero aún quedan.
La medicina... es femenina. El 80% de los estudiantes de mi curso, eran mujeres. Los hospitales se llenan de médicas, a pesar de que muchos de los jefes de servicio siguen siendo hombres.
No voy a entrar en un debate entre hombres y mujeres. No lo haré porque no pienso que ninguno sea mejor o peor. Pienso que somos dos sexos diferentes porque es necesario dos polos para encontrar el equilibrio. En lo que voy a entrar es en la idea preconcebida de que un médico varón, y si es un poco canoso, mejor que mejor para tratarme a mí, a mi familia o a mis conocidos.
Pasamos por la planta cada mañana. Somos 7 médicos, seis residentes y un adjunto. El adjunto, hombre, de los residentes, cinco mujeres. Pasamos habitación por habitación y no falta el día en que veamos cómo, ante la misma argumentación, se crea con mucha más facilidad al adjunto, que a nosotras. Esto es comprensible. Obviamente, el adjunto, mucho mayor que nosotras, da mucha más confianza. Pero... y qué pasa con el residente que es sólo un año mayor que nosotras, y más pequeño que la R grande? Lo mismo, donde esté él, sobramos nosotras. Literal de una paciente el otro día:

Paciente: yo sólo me acuerdo de usted (dirigiéndose al residente)
E (R grande): pues estábamos todas.
P: pues yo no me di cuenta.
(se percata de que el adjunto está detrás de ella, contrae la cara y se gira para poder verle)
P: se esconde y yo quiero verlo, y me pone delante a las niñas. Las niñas sobran.

Otro caso:
P: A mí una mujer no me va a tocar.

Y otro:
E (R grande): ¿Sabe quienes somos?
P: pues las enfermeras que me vienen a visitar todos los días.
E: ¿Las enfermeras? ¿Y quién es su médico?
(la paciente se gira hacia el residente)
P: él es el doctor.

Sólo son ejemplos, pero hay muchos más. Las mujeres estamos invadiendo la sanidad española... y aún así, aún hay gente que sigue asociando enfermeras con mujeres, médicos como hombres. ¿Que no se puede ser médica o enfermero? ¿Voy a tener que buscar a un médico que corrobore todas mis explicaciones siempre para que mis pacientes me crean?

Espero que poco a poco estas ideas preconcebidas vayan sucediéndose de otras en las que se pueda confiar en que una médica canosa pueda ser igual de buena que un médico canoso.
Ya tengo que luchar contra ser una pequeñaja a la que confunden con estudiante de primer año... ¿También tengo que luchar contra el hecho de ser mujer... en un mundo que antes era de hombres?

viernes, 2 de julio de 2010

Mirando al mar...

Cuando creía que estaba a punto de salir del hospital, hubo gente que me dijo: "Hoy vamos a ir a la playa a comer. ¿Te apuntas?" Y entonces pensé... llevo ya más de un mes trabajando delante de este mar que me mira todos los días y me invita a visitarlo. Siempre planeamos una escapada... pero nunca es buen día. Hoy me obligué a que un día tan bueno como hoy había que celebrarlo. Cuando salí, busqué a mis compañeros y tras comprarme un bocadillo, compartimos nuestra comida todos juntos... mirando al mar. Cerraba los ojos y sentía el calor del sol en mi espalda, y una ligera brisa en mi cara. Después de todo el lío que tuvimos hoy en el hospital, ahí todo perdía importancia. Me sentía tan bien, tan tranquila, tan en paz... que se me escapó una pequeña risita al pensar lo afortunada que era de poder estar en aquel momento allí con mis compañeros de residencia... mirando al mar.

Mañana tengo guardia de nuevo. Qué lástima que desde urgencias no se vea el mar tan de cerca. Sería todo más fácil... y ahora sólo tengo ganas de que la guardia termine para volver a estar frente a él... libre de nuevo.

domingo, 13 de junio de 2010

La primera guardia

Siempre imaginaba cómo sería mi primera guardia. Si me entraría el pánico y temblaría como mi primera práctica en el hospital, si mataría a alguien, si sabría reaccionar ante una urgencia... Ahora la primera guardia ya pasó y, debo reconocer, que a pesar del estrés de algunos momentos en los que tuve que hacer un gran esfuerzo para no llorar, me gustó. Ésta ha sido la primera vez que he estado yo sola ante los pacientes (aunque siempre iba corriendo después a los mayores a corroborar diagnósticos, pruebas y tratamientos). No temblaba. Siempre tenía un pequeño gusanillo en mi estómago cada vez que tenía que llamar a alguien nuevo a entrar a mi despachito... pero una vez allí, todo se volvía más fácil.
La suerte, estuve con los que van a urgencias pero pueden esperar, y eso disminuyó la tensión. Aún así, los momentos previos fueron espantosos, intentando esperar algo que no sabía cómo iba a ser. Supongo que es cierto aquello que dicen que a lo que más tememos es a lo desconocido, y lo que más curiosidad nos despierta. Empecé nerviosa tratando de, al menos, no matar a nadie, y terminé nerviosa de nuevo, intentando tratar a todos los que podía.
Recordé la primera vez que hice una historia clínica yo sola. Esta vez, volví a estar yo sola, pero sin temblar. Cada vez más cómoda. Escuchando lo que me contaba la gente, e intentando solucionar lo que les pasaba... Sin lugar a dudas, ésta es la carrera más maravillosa del mundo. Ver marchar a alguien de urgencias, que llegó horas antes asustado, angustiado y retorcido de dolor, con una sonrisa y un gracias, no tiene precio. No me importó dormir una hora escasa... Las palabras amables de los pacientes que me agradecían el haberles atendido con una sonrisa me bastaron para compensar las más de 34 horas que estuve sin dormir.
Ahora ya empiezo a andar yo sola...
... el sueño por el que tanto he luchado tiene más forma... y empieza a hacerse realidad.

lunes, 7 de junio de 2010

La paz del mar...

No he podido evitarlo. De repente, todo perdió importancia. Sólo pude concentrarme en las olas que, de forma repetitiva, iban balanceando los pequeños veleros que navegaban por este mar en calma... En calma. Así es como no pude evitar sentirme mientras miraba el mar.

Ya llevo una semana... y no he vuelto a marearme. Camino paso tras paso sintiéndome un poco más en casa. Y cuando me pierdo... busco una ventana y observo la vida de afuera. Y entonces, es cuando me pierdo de verdad y cuando, paradójicamente, me encuentro. Vuelvo a sentir paz en la vida.

Hoy volvimos a ver a la paciente que más me asusta. Ahora sabe donde está, ahora no. Ahora esta tranquila, ahora cree que la persiguen para matarla y puedes ver en su rostro el pánico desgarrándole la cara. Jamás pensé que pudiera existir tanto sufrimiento, tanto miedo... y jamás pensé que me afectaría tanto. Miré a la ventana y pude ver una gran gaviota volando por el cielo, desplegando sus alas al ritmo del viento, bailando la hermosa canción de la vida. Yo también andaba desorientada... Siempre que llegamos a esa habitación, siento como mi corazón late con más fuerza, como mi pulso se acelera. Siento náuseas y sofocos... Y es que el simple reflejo del pánico que siente ella es suficiente para ponerme a mí los pelos de punta. Loca la llaman... pero a mí, a pesar de lo que me produce, es la que más simpatía me causa, y a la que realmente quiero ayudar.

Los veleros, las gaviotas... y el intenso azul del mar acariciando el suave azul del cielo. Ahí estaba la paz de mis muros de miedos. Mis miedos a no ser capaz de combatir el sufrimiento, el dolor, la impotencia... Es tan bella la vida ahí fuera...

Hoy la paciente me reconoció. No tiene ni idea de quién soy, y se confundió al reconocerme, pero mientras hablaba mirandome a la cara... ya no sentí el mismo miedo. Sentí tranquilidad. Pues, aunque ella en realidad no me estaba reconociendo... sus facciones se tranquilizaron al creer reconocer una cara antigua. ¿Qué más daba entonces que se estuviera equivocando de persona?

Cuando se puso nerviosa... miré fuera de la ventana, y busqué mi paz en la vida de ahí fuera... para poder transmitírsela luego a ella. Me funcionará siempre? Espero que sí. Yo, al menos, eso creo.

martes, 1 de junio de 2010

El fin de agudos, el comienzo de infecciosas.

Empieza un nuevo mes y yo empiezo nueva rotación: un mes de enfermedades infecciosas. 

El lunes fue mi último día de toma de contacto con la unidad de agudos. Fue un día bonito, excepto por que casi vomito encima de una pobre esquizofrénica... Ahora lo pienso y no puedo evitar reirme. Dentro de nada creo que me van a reservar una habitación para mí dentro del hospital. Llevaba toda la mañana con náuseas ya... y cuando pasé por una zona que olía muy mal, no pude evitarlo. En fin, al menos llegué a tiempo al baño, y la esquizofrénica... creo que ni siquiera se enteró. Lo mejor es que además, después de vomitar mi pequeño desayuno, casi me encierran en el baño (cosas de entrar corriendo y no tener tiempo de encender la luz... y de estar en un psiquiátrico donde la mitad de las puertas se cierran con llave). Pero el día terminó bien. Pude ver al resto de los pacientes y me alegró ver que alguno que otro se va poniendo mejor y puede irse a casa con su familia con una sonrisa. Supongo que aunque pocas, a veces los psiquiatras también dan el alta. 

Y hoy... no fui yo la que la armó (había que variar un poco). Mi primera visita a una paciente estable, consciente, orientada... terminó en observación porque empezó a convulsionar y lo que estaba siendo una tranquila visita de planta se convirtió en una carrera de médicos y enfermeras para poder abrirle la vía aérea a la paciente que, con la lengua mordida, iba llenando de sangre el camisón, la almohada, la cama... Por suerte todo terminó en una anécdota y la mujer no recuerda nada de lo que pasó.

Ahora me pregunto si yo podría haber hecho más, si dejé que mi miedo a la sangre me dominara y me arrinconara en exceso... y me cuesta encontrar respuestas. Lo único que puedo pensar es que ahora que ya lo he vivido, seguro la próxima sabré mejor qué hacer. O eso espero.

En fin... mañana, será otro día.

jueves, 13 de mayo de 2010

Las despedidas

Barcelona me espera... otra vez. Es como un instante que se repite. Y si Barcelona me espera... otro lugar me dice adiós. La consecuencia más dura de la elección que tomé: decir adiós a la gente que más quiero.
Toda la semana estuve entretenida preparando mi equipaje. Caja arriba, caja abajo. No obstante, no desperdicié ni una de las oportunidades que tuve para encontrarme, aunque sólo fueran unos instantes, con las personitas de mi vida. No necesariamente para una despedida, pero sí para verlas de nuevo y decirles lo mucho que las aprecio y lo que las voy a echar de menos.

Odio las despedidas... 

... pero sé que me despido porque un nuevo camino se abre ante mi vida. Y eso, tengo que reconocerlo, me alegra. No me planteo si me equivoqué en mi elección. Ya está tomada. Es lo que yo quería. Y en cuanto a las despedidas... sé que la gente que realmente vale la pena conservar, estará a mi lado siempre, en lo bueno y en lo malo, para acompañarme y apoyarme en esta nueva etapa de mi vida. ¿Qué puede haber mejor que esta simple certeza de que la distancia no va a conseguir mermar mi cariño por los que más quiero?

Odio las despedidas, es cierto, pero una nueva vida me da la bienvenida... y las bienvenidas, con todas las personas a las que quiero en mi corazón, sí me gustan...

...Siempre me han gustado.

(Os quiero a todos. Siempre formaréis parte de mi vida... esté donde esté)

martes, 27 de abril de 2010

Las grandes decisiones...

Siempre he tenido un grave problema con las grandes decisiones. Odio tener que elegir. Da igual lo que sea, el restaurante al que vamos a cenar... o qué especialidad médica será mi futuro. Odio cualquier tipo de decisión. Las primeras, no tienen más importancia. Pero las segundas... son grandes decisiones que marcan tu vida, y hay que tomarlas. Siempre intento que alguien tome por mí las del primer tipo, a no ser que tenga especial interés en ver una determinada película, o tenga un antojo tremendo de comida china. Las grandes decisiones hay que tomarlas por uno mismo y nadie puede ayudarte. La tensión de pensar que son una marca importante de tu camino... es lo que las hace tan difíciles.

Mi madre siempre me ha dicho, desde pequeña, que cada cual ha de responsabilizarse de sus actos y, cada día, ando más convencida de lo acertado de esa frase. Es por eso que mi especialidad, debía elegirla yo, y nadie más que yo. Si me equivoco debe ser por mis motivos y mis razones. No por las de nadie más.

El pasado día 16 era el día de mi elección. Allí estaba yo, en Madrid, dejándome llevar por el Paseo del Prado, acercándome a la estación de Atocha. Era media mañana, mi turno era por la tarde, e intentaba no pensar en la idea de que pudieran coger las plazas que yo quería. Cuando me senté en un banco, vi un cartel publicitario gigante que decía algo tal que así: "las grandes decisiones te seguirán vayas a donde vayas" Qué gran verdad la de aquel cartel... y cuánta más presión puso sobre mi cabeza!!

Llevaba tiempo meditando todas las especialidades que me gustaban. Había visitado varios hospitales, preguntado a profesionales... Y no sabía por qué me estaba preocupando ahora, si yo ya tenía hecha mi elección. El problema era... ¿Y si cogían la plaza que yo quería?

Cuando terminó el turno de la mañana, todo empeoró. Sólo me quedaba una plaza en el sitio que yo quería, y aún quedaban muchas plazas de la especialidad que había descartado porque pensaba que no me iba a quedar ninguna. ¿Qué pasaba si me cogían esa plaza? ¿Cambiaría de especialidad? Me puse como loca. Llamé a quien pude y más. Me iba a tocar elegir entre dos especialidades que me gustaban mucho... y no sabía cómo hacerlo. Información sobre los hospitales que podía elegir, conseguí pero, nadie me ayudó a decidirme. Me di cuenta cuando, ya con lágrimas en los ojos, alguien a quien le debo mucho por esto, me dijo: "La elección tiene que ser tuya. Yo no te puedo influir. Yo te veo en cualquiera de las dos". Me enfadé en un primer momento porque no había solucionado nada pero, rápidamente me di cuenta, de que era lo mejor que nadie me podría haber dicho en ese momento. Las dos cosas me gustaban. Cualquiera que fuese mi decisión, sería buena. Y obviamente, no podía dejar que nadie, absolutamente nadie, decidiera mi futuro por mí.

Mis amigas me esperaban dentro y, a un cuarto de hora para entrar a elegir mi plaza, me dijeron "Rebeca, sí o sí, ahora tienes que hacer la lista" ¿Psiquiatría o pediatría? Y entonces cerré mis ojos, detuve mi tiempo y mi mundo unos instantes para sentirme a mí misma... y lo supe. Mi elección llevaba hecha mucho tiempo, y ahora lo sabía cierto. Hice mi lista, entré en mi turno más tranquila que antes (ya tenía mi lista) y con la suerte de mi parte, nadie cogió mi plaza y hoy puedo decir que es mía. 

A partir del 20 de mayo... ya soy especialista en formación de psiquiatría.

(Gracias a todos aquellos que durante todo el tiempo que estuve divagando entre todas las especialidades posibles, estuvisteis a mi lado. Gracias por darme durante cada charla la confianza en mi que a veces yo olvido. Gracias por recordarme quién soy. Gracias por ayudarme a hacer mi lista en aquellos momentos que fueron tan difíciles para mí. Pero sobre todo, gracias por entender mejor que yo que mi futuro se forma de las grandes decisiones en mi vida que YO, y sólo yo, debo tomar. Millones de gracias, a todos)