"Llamad al resto de Unidades. Va a ser un ingreso, y todo apunta a que no lo aceptará". Esto es lo que ella no escuchó nítidamente, pero era plenamente consciente de que las batas blancas que la vigilaban por aquella cámara de vídeo tramaban alguna cosa. Notaba la intranquilidad y los escuchaba hablando mientras hacían sus planes. Cuando hubo diez personas, todas vestidas de blanco, todas con guantes azules, allí en la antesala, las doctoras la invitaron con una sonrisa a pasar al despacho. Qué mensajes más contradictorios! Cuando se sentó, las lágrimas empezaron a resbalar. Sabía lo que venía ahora, aunque fuera la primera vez que pisaba aquel suelo desconocido. Le preguntaron muchas cosas. Fueron muy amables. Daba igual. Allí esperaban los guantes azules, asegurándose de que su libertad iba a tener que esperar... sin entender el motivo, sin entender por cuánto tiempo. Qué habría contado su familia de ella? Por qué era necesario todo esto?
Les contó lo que pudo. La situación. Intentó dar una imagen de normalidad lo más verosímil posible. Al final de la entrevista, una de las psiquiatras dijo: "no sé exactamente qué es lo que está pasando en tu vida, pero estás llorando, y por lo que deduzco de lo que me cuentas, tu vida no está siendo fácil. Entiendo que sufres. Así que lo que vamos a hacer es que te vas a quedar aquí un tiempo para que podamos hablar con tu familia y contigo más tranquilos y averigüemos qué es lo que ocurre". Daba igual que se resistiera. La decisión estaba tomada. La libertad se había acabado. Estaría loca? Presa en un psiquiátrico. Le invitaron a tomar una medicación para descansar. Se negó a tomarla, y la invitación se desvaneció para convertirse en una insistencia. Se volvió a negar, pasando a ser una orden, y posteriormente una amenaza. Comprendió que no tenía opción y que resistirse sería peor, así que se levantó y siguió a los diez batas blancas con guantes azules, sonrientes por verla sucumbir ante su poder.
De médico a carcelero en unos minutos. De libre a encarcelada en otros tantos. La historia se repite y yo no dejo de preguntarme si estamos haciendo lo correcto.
Que dur que té que ser trobar-se en aquestes situacions. No se si feu o la societat fa bé actuant així en aquests casos... Però potser ara per ara no se si hi ha una altre sol.lució.
ResponderEliminarSi els pacients ho agraeixen al cap d'un temps potser no s'està fent tan malament.
Petonets xiqueta! :-)
No se si se está haciendo lo correcto o no, pero por lo que deduzco, esa persona no acababa de comprender los motivos de lo que le estaba pasando. Alguna veces hay que dejar de lado tu posición de superior, ponerte en la piel del paciente e intentar comprenderle para, de esta forma, poder ayudarle y hacerle más llevadera su estancia y su vida, que al fin y al cabo es limitada y cada día que pasamos encerrados es un día menos de libertad.
ResponderEliminarMuchos besos Bec, y piensa que no todos los días son tan difíciles.