No he podido evitarlo. De repente, todo perdió importancia. Sólo pude concentrarme en las olas que, de forma repetitiva, iban balanceando los pequeños veleros que navegaban por este mar en calma... En calma. Así es como no pude evitar sentirme mientras miraba el mar.
Ya llevo una semana... y no he vuelto a marearme. Camino paso tras paso sintiéndome un poco más en casa. Y cuando me pierdo... busco una ventana y observo la vida de afuera. Y entonces, es cuando me pierdo de verdad y cuando, paradójicamente, me encuentro. Vuelvo a sentir paz en la vida.
Hoy volvimos a ver a la paciente que más me asusta. Ahora sabe donde está, ahora no. Ahora esta tranquila, ahora cree que la persiguen para matarla y puedes ver en su rostro el pánico desgarrándole la cara. Jamás pensé que pudiera existir tanto sufrimiento, tanto miedo... y jamás pensé que me afectaría tanto. Miré a la ventana y pude ver una gran gaviota volando por el cielo, desplegando sus alas al ritmo del viento, bailando la hermosa canción de la vida. Yo también andaba desorientada... Siempre que llegamos a esa habitación, siento como mi corazón late con más fuerza, como mi pulso se acelera. Siento náuseas y sofocos... Y es que el simple reflejo del pánico que siente ella es suficiente para ponerme a mí los pelos de punta. Loca la llaman... pero a mí, a pesar de lo que me produce, es la que más simpatía me causa, y a la que realmente quiero ayudar.
Los veleros, las gaviotas... y el intenso azul del mar acariciando el suave azul del cielo. Ahí estaba la paz de mis muros de miedos. Mis miedos a no ser capaz de combatir el sufrimiento, el dolor, la impotencia... Es tan bella la vida ahí fuera...
Hoy la paciente me reconoció. No tiene ni idea de quién soy, y se confundió al reconocerme, pero mientras hablaba mirandome a la cara... ya no sentí el mismo miedo. Sentí tranquilidad. Pues, aunque ella en realidad no me estaba reconociendo... sus facciones se tranquilizaron al creer reconocer una cara antigua. ¿Qué más daba entonces que se estuviera equivocando de persona?
Cuando se puso nerviosa... miré fuera de la ventana, y busqué mi paz en la vida de ahí fuera... para poder transmitírsela luego a ella. Me funcionará siempre? Espero que sí. Yo, al menos, eso creo.
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ResponderEliminarMuy bonito, es precioso ver como una persona sigue sus mismos pasos para ser mas feliz espero haber captado el mensaje, pásate por mi blog cuando tu quieras adiós y muchas gracias.
ResponderEliminarSuerte
Debería funcionarte, siempre transmitimos tranquilidad, nerviosismo, amor... Aunque no nos demos cuenta, lo importante es que no te alteres y que te vea segura. Que parezca que sepas lo que haces aunque no tengas ni idea, e intenta transmitir algo de amor y simpatía. Aun que esas cosas ya las haces de normal.
ResponderEliminarMuchos besitos Bec, que te echo mucho de menos!
Hola Rebeka,yo Daniel, La paz de Mar es excelente un mar seleno como un velero se escucha unos gabiotas. tu relato me siento mí mismo el velero meee guuussstttooo mmuuuuchhhooooo un buen abrazo
ResponderEliminarVoy con retraso leyendo y comentando... me queda poco tiempo para estos quehaceres (ya se ve que hace tiempo que no publico nada, y la última publicación explica, al menos en parte, el porqué no estoy tanto por acá... la otra parte, obviamente, es el final de curso, pero que ya acaba...).
ResponderEliminarPero no hay día en que no me pregunte cómo te irá, y hoy al fin he encendido el ordenador para poder leerlo y al fin dar señales de vida...
Me alegra que no volvieras a marearte. Creo que tienes que aprender a confiar más en ti misma. Eres maravillosa, y serás una psiquiatra maravillosa. La prueba de ello es cuanto te preocupa el hacerlo bien, y algo precioso: ver como te preocupas por pacientes así, cómo deseas ayudarles... Ahora tienes que aprender a que no te afecte tanto a ti, pero sin dejar de intentar comprenderlos, ponerte en su lugar... (Sé que no eso no ocurrirá).
Por cierto, has conseguido transmitir muy bien en esta entrada la paz del mar... a pesar de que ahora llueve afuera y el mar queda lejos, pareciera que de nuevo esperamos al invierno en lugar de al verano (la primavera se ha disfrazado de otoño...), pero por unos instantes me has traído el mar, y las gaviotas...
Te echo de menos, Albina nos echa de menos...
Muchísimos besos!