sábado, 3 de abril de 2010

Un pequeño viaje... en ascensor

Subidos en un ascensor pasamos los segundos mirando el espejo, los focos, los carteles... esperando a que vayan pasando los pisos uno a uno. Si se da la casualidad de que no estamos solos, nos enfrentamos al típico silencio incómodo. Los pisos pasan igual, pero a una velocidad muuucho más lenta. El otro día, en un ascensor, tuve la oportunidad de viajar durante unos cuantos pisos con una personita que, a pesar de su aparentada corta edad, por su conversación con la que parecía su madre, simulaba ser un "pez gordo". Una de esas personas que se nos presentan en las películas con impecables trajes carísimos y una enorme billetera en el bolsillo. Claro, esto es en las películas. En la vida real, no tiene por qué ser así. ¿Por qué no tener apariencia de niño que viaja con su madre?
La conversación era muy fluída. Demasiado para ser improvisada con el tiempo. Al principio, no le presté atención alguna. Cuando vi que se unían dos personas más al ascensor, lo primero que pensé fue que los pisos iban a pasar leeentos. Pero de repente, oí la palabra Hong Kong y mi mente dejó de pulular por ninguna parte para prestar atención al pequeño hombrecillo que tenía frente a mi. "Estaré ocupado este fin de semana, ya te lo he dicho, me voy a Hong Kong" Ya no eran imaginaciones mías. Realmente este niño tenía planes en Hong Kong. Parecían importantes. ¿Cuántos años tendría? ¿Diez? ¿Tal vez once? Su madre lo interrumpió con algo de autoridad: "Haz lo que quieras pero a las diez tienes que dejarte un hueco para..." Y el pequeño hombrecillo la interrumpió para decirle: "No, a las diez no voy a poder. Tengo una reunión con los presidentes"
Con los presidentes... Sin lugar a dudas, éste era el mejor viaje entre pisos que estaba teniendo. ¿De dónde había salido esta personita? No pude resistir mirar a la madre. Me miró y me sonrió, y fue entonces cuando me di cuenta de hasta qué punto llegaba la imaginación de este niño. Y lo mejor, su madre no le reprimía nada, sino que seguía el pequeño juego de sus locuras. Me fascinaron ambos y no pude evitar reír. Aun cuando yo no estaba en ese ascensor, continué riendo. Me hubiera gustado esta vez continuar allí durante más tiempo y poder sumergirme un rato más en la mente imaginativa de aquel niño, que tenía toda una agenda organizada para este fin de semana, nada más y nada menos que en Hong Kong. Ya que organizamos una reunión, ¿Por qué no en China? ¿Quién dice que no pueda ser?
Esta pequeña personita, que en realidad de pequeña no tenía nada, me recordó el poder de la imaginación, el poder de los sueños, la locura de lo imposible. Gracias a una idea, alguien puede hacer realidad las mayores fantasías que cualquier loco hubiera tenido. Porque en esta vida, todo sale de un pequeño sueño, una pequeña ilusión... una pequeña locura.

4 comentarios:

  1. Me cae bien ese niño... Creo que tendré que contratar alguien como él por si alguna vez me falla la imaginación... jajaja, espero que eso no ocurra nunca... ¿Te imaginas a una Vane seria y con la cabeza bien asentada...? No, mejor ni lo intentes, ya no sería yo...
    Los niños a menudo son maravillosos y nos recuerdan esa parte que nunca deberíamos dejar morir: la imaginación, la magia, los sueños, ilusionarse por las pequeñas cosas, como una hormiga, un caracol... ¡o una historia improvisada en la China!

    Me ha gustado este viaje en tu ascensor...

    Por cierto, se nota que aún tienes mucha alma de niña, y eso me encanta de ti.

    ¡Un abrazo fortísimo!

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  2. Bec!!! No sabía que tenías blog. Menos mal que el de Vane es un chivato.

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  3. Te concedo el premio al mejor comentario de la entrada!!! Sinceramente, lo mereces =)
    Además, ¿quién va a poder opinar o comentar mejor que tú...?

    Un abrazo fortísimo, y miles de millones de gracias!!!

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  4. Hola Rebeketa, yo Daniel el ascesor es espectácular un vtaje otro planeta para mi no es fantasia es real un gran besote

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